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[Historia] Recitos del Krosmoz: Ogrest, el legendario + Selatrop, la Diosa del Todo

Por NELSON-MAGNO - ANTIGUO ABONADO - 15 de Enero de 2016 05:21:45

Hola a todos, me encontré un par de artículos interesantes en unas Dofus mags viejitas así que les presento mi traducción de éstas para quienes les gustan las historias cool
Importante anotar que al ser algo antigua, la historia de Ogrest presentada en este artículo ha podido sufrir cambios en la obra canon actual "Ogrest manga".
El primer texto se ubica dentro de la época del Wakfu. El segundo tiene aire de ser intemporal.

1. Una Diosa
2. Ogrest: Historia de un monstruo sagrado


>>UNA DIOSA


El bardo Lyrad se dirige a la congregación ecuménica de los discípulos de los Doce.

Todos dicen que estoy loco. Aquello que veo durante la noche, cuando duermo, no es una alucinación sino mi inconsciente. Por ello, al despertar, influido por la esencia de los sueños, percibo al mundo más dulce, más profundo, más luminoso. Es algo que otros no comprenden. Lo que sé, es por lo que vine aquí a enseñarles, no es para nada una divagación: si me hacen falta pruebas arqueológicas e históricas, consideren suficiente buscar la verdad en su interior. Si notan que mis palabras tienen algo de sentido, entonces escúchenlas, y lo mejor que puedan.

¿Estáis seguros de que vuestros dioses fueron los primeros en haber pisado el suelo de este mundo? ¿Qué sabemos realmente sobre nuestros orígenes? Esa piedra desierta que Osamodas descubrió, a la deriva; aquella costra castaña, esa roca abandonada a la voluntad de las corrientes krósmicas, ¿acaso fue aquello un comienzo o un final? También me oso a afirmar: nuestro pasado está sepultado bajo este caparazón, y los dioses nunca quisieron que lo supiéramos. Hizo falta esperar la inundación y el apocalipsis de Ogrest para que re-emergieran a la superficie los recuerdos enterrados. ¿Qué había antes de nosotros? Ese Wakfu, sobre los labios de todos nosotros, ¿es algo nuevo que llegó al mundo gracias a Ogrest, o bien sería algo que ya estaba aquí misteriosamente oculto todos esos años durante los cuales numerosos guerreros corrían tras los seis Dofus?

El Wakfu siempre ha estado aquí, y hace bastante tiempo su rostro fue personificada bajo los rasgos de una Diosa, una elegante damisela cuyos velos cubrían la naturaleza de la realidad a los ojos de unos mortales. Estos mortales, los llamamos Selatrops. Sí, ya conocen este nombre, ya saben que ya ninguno de ellos se encuentra entre nosotros pero sus dragones asociados aún perduran en los saberes de estos tiempos. De ellos quedan algunas ruinas, unos glifos de los cuales hemos podido notar cierto sentido. Fragmentos de mitos, recuperados por oscuros profetas. Versos que cantan a la belleza de su divinidad. Máquinas, como los Zaaps, que aún utilizamos, ignorando completamente su funcionamiento.


Los Selatrops nacieron en esta tierra cuando ésta era abundante, salvaje, indomada. Éstos vivían en paz y en armonía con el Wakfu, la energía del mundo, el jugo azul de la vida. El Wakfu les servía para alimentar su tecnología, para darle vida a su ecosistema: el Wakfu es lo que añade al mundo, lo que crea. El Wakfu es peligroso, como podemos evidenciar con el berrinche de Ogrest: demasiada creación sobrecarga, sofoca, destruye, como la marea creciente. El sabio dice: orden y medida, pasarás bien la vida. Los Selatrops habían aprendido la mesura bajo las enseñanzas de su patriarca Chibi, y de Grugaloragrán, su dragón gemelo. Porque los Selatrops nacieron en un huevo, los Dofus Selatrops, con su dragón y juntos comparten un corazón de Wakfu para estar en sintonía con el mundo.

Pero algo terrible sucedió y los Selatrops fueron destruidos, dejando meras ruinas. El culto de la Diosa fue olvidado, y también la Diosa misma, sin fieles, desapareció sin dejar rastros, algunos altares, unos cuantos homenajes eliminados.

Nada provoca su recuerdo, o el de sus islas, el paraíso de los Selatrops. Es triste ver desaparecer un mito tan bello, tan puro que parece no permitir algún otro dogma que el de respetar toda vida posible, toda cosa entre cielo y tierra.

Lo que acabó con este sutil pueblo permanece siendo un misterio, tan complejo como el origen del Wakfu. Ésto ha permitido todo tipo de hipótesis, y algunas mencionan los efectos de la Stasis, el anti-Wakfu que poco comprendemos, y que parece presidir el equilibrio del mundo, suprimiendo los excedentes.

Quizá los dioses no estaban al tanto de la existencia de los Selotrops. Pero no caben dudas de que los Dioses sí conocían sobre la existencia del Wakfu, y hasta ahora, éstos tenían un gran interés en guardar silencio al respecto. Todos estos años, tantos siglos, milenios, el Wakfu siempre estuvo aquí. Simplemente habíamos perdido la capacidad de verlo. Pero los Dioses mismos tomaban su poder del Wakfu, y desde su posición dominante sabían cómo utilizar el Wakfu de cada discípulo sin que éste se diera cuenta. De esta manera, la verdad del mundo, su movimiento perpetuo, permanecieron disimulados bajo la figura protectora de los dioses. Pero que aquello no nos lleve a verlo como la obra de un pensamiento maléfico: simplemente se trataba de mantener al mundo bajo control. Sin embargo, nada es eterno y el apocalipsis de Ogrest trastorna todo lo que sabíamos.


Ogrest es la manecilla del mundo, reinando desde lo alto de su promontorio, en la cima del monte Zinit, este volcán sagrado donde, hace miles de años, los Selatrops habían erigido el santuario de la Diosa, donde Chibi el profeta había escuchado la palabra divina y escribió sus Misterios; el Monte Zinit, donde tuvo lugar la gran tragedia de la época pasada cuando los Selatrops, en una noche, fueron erradicados. ¿Qué sucedió aquella fatídica noche?

Sabemos que el Monte Zinit vierte sus raudales de lava sobre el mundo, solidificándolo todo. Sabemos también que el santuario de la Diosa, así como el palacio del Rey, fueron presas de agresiones extremas, como testificando las memorias de la lucha sobre las ruinas excavadas por los equipos del profesor Malka Milk.

Tengo un enorme terror de nunca poder conocer la verdad.

Lo que les digo es simple: todo es único, todo viene y regresa al Wakfu. Los dioses mismos son criaturas de Wakfu, y algunos afirman que Ogrest sería el resultado de experimentos impíos sobre la rosa de Wakfu. Debemos venerar el Wakfu, esa vasta respiración, el gran todo que dicta el sentido de toda acción, de todo movimiento. Digo que debemos hacerlo, pues hay que salvar nuestro mundo. Necesitamos un objetivo común. Necesitamos una dirección clara, algo que pueda ser suficientemente grande para acomodarse a todos nuestros anhelos, todos nuestros deseos ocultos. Levanto ante ustedes este cetro espiritual, con el fin de no arriesgarnos a la desintegración de nuestras frágiles comunidades. Podemos encontrar ese rostro, podemos besar esos labios divinos, que se tienden sobre nuestras cunas para darnos vida.

La Diosa existe siempre. Nunca se ha ido. Su obra es la vida misma, un flujo continúo de su gracia. Abrámosle nuestros corazones.

Lluvia de tomates.


>>OGREST: Historia de un monstruo sagrado


Numerosas son las leyendas que circulan acerca de Ogrest. Algunas lo describen como un monstruo sanguinario que habría arrasado el mundo por mero capricho. Otras, como una criatura inocente que habría sido manipulada en lo más profundo de sus sentimientos. Otras incluso lo pintan como un estremecido enamorado buscando hacer el bien pero desbordado por sus poderes. ¿Quién es él realmente? Es imposible saberlo con seguridad. El recito que verán a continuación no pretende abarcar toda la verdad. Lo que sí es seguro es que las aventuras de Ogrest cambiaron la faz del Mundo de los Doce como nunca antes…

Capítulo 1 – El Encantador encantado

Al comienzo, Otomai solía crear monstruos. Amorfos y extraordinarios, así nacían las criaturas híbridas desde su fértil imaginación. Solamente le bastaba con decir “¡Que se haga la vida!” y la vida se hacía, o casi…

Porque Otomai no era un dios. Sólo un alquimista, un hombre de ciencia. El encantador más poderoso de la época… ¡y quizás de toda la historia! Con la ayuda de polvos y pociones cuidadosamente preparadas en su laboratorio secreto, era capaz de dar vida a golems de coral, podía crear monstruos mitad-animal mitad-planta ¡e incluso transformar Nozdekokos en pájaros! Proezas que ni siquiera el mismo Mago de Zo hubiese podido realizar…

Exiliado en una tierra tropical -la isla que ahora lleva su nombre- se dedicó a experimentos apasionantes sobre las propiedades de la Ogrina. Él había descubierto que este raro material estaba hecho de una energía pura que, concentrada al máximo, se cristalizaba bajo la forma de piedritas azules. El Wakfu, la energía contenida en estas Ogrinas, estaba presente en todo ser vivo. Usándolo sutilmente, era posible sin duda poder crear vida… ¡o al menos despertarla! Y es lo que justamente intentaba hacer este alquimista sobre la integridad de Dathura, una muñeca Sadida cuyo corazón de Ogrinas había sido roto.

Sin embargo, a pesar de haber logrado acumular suficientes Ogrinas para esperar lograr su objetivo, su experimento resulta en una catástrofe: un ingrediente desconocido cayó desde un estante, mezclándose con la preparación de Ogrinas fundidas que acababa de terminar. ¡De repente el caldero comenzó a temblar, y la mezcla que contenía comenzó a moverse por sí misma! Surgió una forma. Un brazo, una pierna, una nariz, ojos redondos, largas orejas peludas… Pronto emergió una criatura entera del recipiente. ¡Para bien o para mal, el encantador acababa de dar vida a su experimento!


Este ser extraño, hecho de Wakfu casi puro, no se asemejaba a nada de lo que Otomai había podido crear hasta la actualidad. ¡Un monstruo! Un verdadero monstruo se acercaba hacia él extendiendo sus brazos. Por un instante, o más, sospechó que esta masa espantosa de materia no causaría problemas. Pero la curiosa bestia le sonrió babeando, antes de sorberse los mocos escandalosamente. Entonces, Otomai vio que era bueno.

Encantado por este inesperado resultado, tomó al pequeño monstruo en sus brazos y lo bautizó «Ogrest», lo que en lengua alquímica significa «nacido de la Ogrina».


Capítulo 2 – El Increíble Ogrest

Rápidamente, Otomai le cogió afectó a su criatura. Bajo su apariencia monstruosa, Ogrest era un ogrito gentil, a fin de cuentas. Siempre listo a ayudar, siempre lleno de buenas intenciones ayudaba a su «papi» en sus tareas cotidianas y lo asistía en sus investigaciones: limpiar el laboratorio, escurriendo los Stropajos, desplumando los Pohoyos: ¡Ogrest se divertía como todo un loquillo!

El encantador estaba realmente contento de tener un «hijo» adoptivo. Cada día se sorprendía de lo adelantado que era, de su inocencia y de su entusiasmo.

Pero lo que más fascinaba a Otomai, eran las propiedades increíbles del cuerpo de Ogrest. Rápidamente debió elevar las reservas de sus provisiones ¡pues Ogrest era capaz de consumir cantidades fenomenales de alimento! Estofado de Crustoral, fricasé de Mufafah, ensaladas de Rasgabola o mermeladas de Kilibris: ¡todo lo que se encontraba a su alcance terminaba inevitablemente en su panza!

Luego de algunas observaciones, Otomai concluyó que su protegido estaba dotado de una especie de estómago dimensional. Cada cosa que Ogrest tenía -alimento, muebles, el último sombrero de moda- desaparecía como por arte de magia, propulsado quién sabe cómo hacia otra dimensión.


¡Pero eso no era todo! ¡Había algo aún más prodigioso! Y Otomai lo descubrió el día en que su pequeñín derramó su primera lágrima… En efecto, la más mínima gota que se bordeara la mejilla de Ogrest tenía la cualidad de multiplicarse, ¡generando otras lágrimas que también se reproducían! En unos cuantos segundos, sus llantos se convertían en arroyos, luego en torrentes, ¡y pronto, eran verdaderos ríos los que brotaban de sus ojos! Así que, para no arriesgarse a morir ahogado en su taller, Otomai encontró la solución: ¡siempre evitaba llevarle la contraria a Ogrest! Estaba fuera de discusión regañarlo o darle cualquier razón para llorar. ¡Un simple sermón podía rápidamente provocar una inundación! Así que sería mejor controlarlo…

¡Y la tarea no era de las más fáciles! Otomai a veces debía probar el límite de su paciencia para no dejarse irritar por su pequeño. Pues aunque Ogrest era muy servicial y lleno de buenas intenciones, ¡también era extremadamente burdo! ¡Una verdadera catástrofe ambulante, como lo decía él mismo! ¡Cuando lo veía deambular por su laboratorio, el alquimista no podía evitar imaginarse un Crujidor en una tienda de porcelana! ¿Pero cómo podía echarle la culpa después de todo? ¡Ogrest nació por accidente, seguramente de allí tanto accidente! El encantador no tenía más elección que ser la prueba viviente de la indulgencia...



Capítulo 3 – La Bella y la Bestia

Los días pasaron y Ogrest comenzó a crecer. ¡Con todas las cantidades de alimento que ingería, no era nada inesperado! ¡Su talla se desarrollaba casi a simple vista! No hubo manera de saber en qué momento pasó de la infancia a la adolescencia… Pero por mucho, fue el día en que Ogrest se enamoró en que se convirtió verdaderamente en un hombre… oh, bueno, un ogro.

Ese famoso día, mientras que Otomai estaba ausente recolectando un poco de pelusa de Kilibris, el pequeño monstruo tuvo un encuentro que haría cambiar su vida. En una habitación que jamás había visitado se encontraba la bella Dathura, tendida sobre una cama, inanimada. A penas sus ojos se posaron en la desconocida, Ogrest fue tocado en todo su corazón. Por primera vez en su existencia, descubrió el amor.

Desafortunadamente, este amor estaba condenado al fracaso ya que Dathura permanecía sin vida. Y para que Otomai pudiese reparar el corazón roto de la muñeca, él tenía que encontrar Ogrinas. Muchas Ogrinas. Aquella era la única manera para que Dathura abriera nuevamente los ojos. ¡Y ahora Ogrest estaba listo a todo para que su «papi» lo lograra! ¡Había encontrado un objetivo, un medio de ser útil al fin: ¡Encontraría las Ogrinas y salvaría a la elegida de su corazón!

Así fue como el pequeño ogro comenzó un largo periplo lleno de obstáculos. En su búsqueda de piedras azules, se cruzó con unos piratas sin escrúpulos, feroces Crustorales, Mufafahs de mandíbulas puntudas, temibles Coraladores, un Kralamar Gigante… ¡Su aventura fue tan rica que hubiese satisfecho al más avaro de los Anutrofs! Descubrió piezas de oro, objetos preciados, perlas finas, zafiros destellantes… e incluso un auténtico huevo de Dragón -¡el Dofus Ocre que Otomai había escondido en la isla!

Pero estos tesoros poco le importaban: solamente le interesaban las Ogrinas… y no había encontrado ninguna.

Tomando consciencia de su fracaso, Ogrest regresó a ver a Dathura, decepcionado. Acercándose al cuerpo sin vida de la muñeca, la contempló tristemente, desesperado de no poder salvarla. Entonces sin darse cuenta, una lágrima se desborda de su mejilla y cae sobre el corazón herido de la bella. Al instante, como por magia, las heridas de ésta comenzaron a desaparecer bajo los ojos estupefactos del pequeño ogro. ¡La lágrima, hecha de Ogrina líquida, acababa de curar a su amada! ¡Su corazón lastimado volvía a latir! ¡Y abrió los ojos! ¡Ella lo contemplaba, a Ogrest, su héroe, su salvador! ¡Aquél que había enfrentado miles de peligros para ayudarla! ¡Aquél quien finalmente la había despertado gracias a la fuerza de su amor! Aquél quien desde ahora siempre estaría en su corazón…

Y es así cómo inicia el romance entre Ogrest y Dathura, el monstruo hecho de Ogrina y la muñeca Sadida.



Capítulo 4 – Los Huevos más grandes que el estómago

Amar y ser amado correspondidamente: aquello bastaría para contentar a cualquier criatura dotada de sentimientos. Sin importar quién, excepto Dathura. Pues la bella teniendo la fortuna de ser la profunda enamorada de su pequeño ogro, no podía escapar de ser más que una muñeca. Una marioneta que sólo, según ella, imitaba a la especie humana. Y todo el amor de su pretendiente no podía hacer nada para cambiarlo.

¡Así que Ogrest quiso superarse! Todos los días, él le recogía ramas de Palmiflores, le confeccionaba collares con picos de Kido, le preparaba buenos platos sofreídos a base de Kasrakoles… Pero nada funcionaba. Por más que su damisela se conmoviera con todas estas atenciones, ella no podía evitar el remordimiento de su melancolía. «¡Si tan solo fuese humana!» se lamentaba ella a lo largo del día. «¡Oh sí, mi querido Ogrest! ¡Si fuese humana, podría amarte aún más! ¡Si tuviese un corazón verdadero, seguro latería por ti!» Y así comenzaba a sollozar, presa del desespero. Pero sobre sus mejillas, no se derramaba ninguna lágrima ya que una criatura hecha de hojas y de trapos no podía llorar.

Sin soportar más ver tal sufrimiento de su amada, Ogrest ideó darle un regalo. Algo tan bello y tan precioso que Dathura se consolaría por ello. Así es cómo pensó en el Dofus Ocre que había descubierto hace poco tiempo. Sin decir más, corrió a buscarlo y ofrecérselo a su prometida.

Cuando ésta tomó el huevo entre sus frágiles manos, sus ojos se abrieron de par en par. El poder del Dofus parecía orquestar sobre ella un curioso fenómeno. Su piel de trapo se estremecía, su cabellera vegetal ondulaba, y un calor intenso la invadió de repente.

Tal experiencia fue tan prodigiosa que, por un corto espacio de tiempo, ésta creyó haberse convertido en humana. Pero el efecto desapareció casi al instante. Un solo Dofus no era suficiente para orquestar una transformación completa. Pero quizás reuniendo los seis… ¡Sí! Se decía que aquél que poseyese los seis Dofus podría convertirse en el igual de un dios. ¡Y sólo los dioses tenían el poder de crear la vida humana! ¡Esa debía ser la solución! Ahora ella tenía que reunir los seis Dofus. Sí, ¿pero cómo? Sola no era tan fuerte…

Ésta le transmitió parte de sus reflexiones a Ogrest, contándole en detalle lo que sintió. Cuando expresó su hipótesis sobre los seis Dofus, él se apresuró a ofrecerle su ayuda. ¡Para ella, él estaba listo para recorrer el mundo y afrontar todos los desafíos! Él le traería los huevos de Dragón, sería cuestión de años.

En principio algo reacia, Dathura no pudo inclinarse ante la determinación de su amado. Ogrest se había vuelto poderoso, imponente. Una montaña de músculos, una fuerza de la naturaleza. Ella sabía que él lo lograría. ¡Gracias a él, ella al fin podría convertirse en humana!

¡Sí, él lo lograría! ¡Eso era seguro! No dudaba de él ni un segundo.

Desgraciadamente, para ella, y para el mundo, hubiese sido mejor que estuviese equivocada…

Capítulo 5 – Las Lágrimas fatales

Ogrest se había vuelto un verdadero titán. Nada lo resistía. ¡Sus bíceps eran más grandes que unos Blops Reales y más duros que la cabeza de un Crujidor! ¡Sus dientes eran tan grande sy tan puntudos que incluso un tronco de Kokoko no bastaba para limpiarlos! ¡Con sus puños de acero, era capaz de romper los cuernos de un Minotauroro en un dos por tres! Y eso fue lo que justamente terminó por hacer…

Día tras día, Ogrest cruzaba el Mundo de los Doce, pasando de islas a continentes, de continentes a islas, arrasando todo a su paso, sin percibir nada realmente. Cegado por su objetivo, obsesionado por Dathura, el ogro avanzaba sin tener cuidado de las casas que se derrumbaban bajo su peso, de los aventureros que aplastaba bajo sus pies, de los Enutrofs que huían gritando, creyendo que él robaría sus tesoros… Ogrest estaba ebrio de poder. Uno a uno, los guardianes de los Dofus se desplomaban tras sus golpes, y cada nuevo huevo de Dragón que obtenía lo hacía aún más fuerte, más poderoso, más incontrolable…

Finalmente, el último guardián sucumbió. Ogrest había logrado su cometido: ¡los seis Dofus eran suyos! Se había vuelto invencible.

Se había convertido en el igual a un dios.


Entonces, comprendiendo la amenaza que pesaba sobre su supremacía, los Doce decidieron reaccionar. Nadie sabe cómo se enfrentaron exactamente. ¿Habrían ido a enfrentar a Ogrest en persona? ¿Habrán enviado a los Protectores de los meses? ¿Quién puede testificarlo? Fuese como fuese, la leyenda habla de un combate de titanes que revolvió el mundo entero. Los volcanes se despertaron, escupiendo olas de fuego. Se elevaron tifones, barriendo con todo a su paso. La tierra tembló, en fin, haciendo estremecer las montañas y abriendo gigantescas simas en todos los continentes. El mundo se precipitaba hacia su perdición.

Alertada por la extensión de los daños, Dathura se atemorizó. Su búsqueda de la humanidad no ameritaba todo ese odio y destrucción. No valía la pena. ¡Tenía que poner un fin de una vez por todas a semejante locura! ¡Y rápido! ¡Si no se apresuraba, su querido Ogrest, estaría en peligro de ser asesinado!

Entonces, sin pensarlo, ella se precipitó hacia el campo de batalla. Montada sobre una gran roca, al borde de un acantilado, consiguió ver a Ogrest y comenzó a gritar. Ésta le rogaba que terminara con la masacre, que detuviera todo antes de que fuese demasiado tarde. Lloraba, le suplicaba, le imploraba con su endeble vocecita. Pero Ogrest no escuchaba nada, ocupado dándole vía libre a su locura destructiva. Y cuando por fin percibió el sonido de la voz de Dathura, ya era tarde: en el fuego de la acción, la muñeca fue empujada y ya estaba cayendo del precipicio. Tendiendo la mano, en un arrebato de pánico, Ogrest intenta atraparla… pero el destino de la muñeca ya estaba sellado. Sin poder vociferar su dolor y su desespero, el ogro titán observa, impotente, su amada desaparecer entre la negrura de los abismos.


La continuación de la historia es, desafortunadamente, conocida por todos. Desolado por su pena, Ogrest se aisla del mundo como nunca. Ascendió a la más alta de las montañas con el fin de llorar en paz. Pero desde lo alto del Monte Zinit, sus lágrimas fluían como cascadas sobre la tierra de los hombres. Estas cascadas amargas se volvieron ríos. Estos ríos, mares. Y estos mares terminaron por formar océanos que invadieron sin piedad toda isla y continente. Pronto el mundo tal cual era, cambió.

El Caos de Ogrest lo había cambiado todo.



Théomax

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Que gran aporte a la Comunidad, sigue así!!!!! biggrin
Ojala puedas hacer mas aportes como este.
Un gran Saludo laugh 

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Tengo una duda segun lei y tenia entendido por otra fuente, ogrest al reunir los dofus se los da a dathura y esta se vuelva loca y seguido de esto ogrest es quien la tira por el acantilado, cual de las 2 versiones es correcta o son 2 versiones canon? :blink: no entiendo

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soul|2016-03-20 03:25:00
Tengo una duda segun lei y tenia entendido por otra fuente, ogrest al reunir los dofus se los da a dathura y esta se vuelva loca y seguido de esto ogrest es quien la tira por el acantilado, cual de las 2 versiones es correcta o son 2 versiones canon? :blink: no entiendo
Disculpa la tardanza, hasta hora me fijo en ésto xD

Lo que preguntas, fue porque en la historia dentro de los murales del juego mostraba lo que dices "se vuelve loca y ogrest la tira por el acantilado", luego cambiaron a la versión de que nadie sabe por qué cayó. La versión de este tema es como la primera aunque más detallada, pero no le dan el toque loco a Dathura. Una cuestión que había mencionado por aquí hace un tiempo (perdón que se cayeron unas imágenes).

La versión canon actual la maneja el manga de Ogrest, en la que por ahora le dan una intención pasiva, humilde y desinteresada a Dathura. Puede que siga así, a menos que su hermana la convenza de lo contrario y terminen manipulándola puesto que tanto Dathura como Ogrest son muy inocentes e ingenuos.
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Sencillamente explendido,que gran aporte Nel....
Nada como volver al mundo de los doce con una inyeccion de histori

Despiertas la curiosidad de este anutrof tanto como un saco de kamas 

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