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Rastreadores de Ankama

[rp] VIDA Y MUERTE (prologo)

Por cosa-loca - ANTIGUO ABONADO - 25 de Julio de 2017 22:58:55

hola a todos aca les dejo una pequeña historia que comenze hace un tiempo, tengo algunos capitulos escritos pero mas adelantados. por eso escribi este para empezar adentrarlos a la historia. les cuento que van a ser capitulos cortos y que es bastante larga la historia. ojala les guste. y bueno nunca publique nada en el foro asi que no se si esta bien aca. pero se que aca es lugar donde se puede apreciar algo como esto. ya que sabemos que dofus es algo mas que sentarse delante de la computadora. sin mas que decir los saludos a todos y muchas gracias.

                                                                                Prologo

El sol comenzaba salir por el horizonte de los muros de Astrub y en el aire se podía sentir el aroma de las delicias que preparaban los panaderos. Los puestos de mercaderes comenzaban a instalarse para un nuevo día de ventas. Y los pequeños pillos se enlistaban para aprovecharse de los despistados.

Bajo el brazo, Rot, llevaba el pan recién horneado y unos biscochos que compró para el camino mientras se dirigía a la carnicería a conseguir un poco de carne de jalató que le encargo su esposa. Uno de los tantos antojos causados por su embarazo.

- Una tarea mediocre para un hombre mediocre – pudo escuchar desde un pequeño grupo de encapuchados  que parecía estar más preparado para la batalla que para un día compras.

- No creo que sea mediocre comprar los viveres del dia, ¿o acaso no te alimentas? De entre todos salió un hombre musculoso, se notaba yopuka a lo lejos, con una capa negra de plumas y un gran sombrero maxilubo.

– Te crees muy listo ¿verdad?, vamos a ver si lo eres – dijo mientras del cinturón desenfundaba una gran espada

.- ¡Vamos!, pero si eso ni siquiera es mágico, si me sobran unas kamas de la carne prometo volver y dártelas para que vayas a la herrería. Eso si, ruega que Don Tologi no haya subido los precios – al instante pudo ver como el yopuka se volvia rojo de la furia. Pero en ese mismo momento otra voz resonó dándole la orden de detenerse. – Cabeza de yopuka – dio media vuelta y continuó su camino. Pero algo muy extraño había en esos sujetos.

El camino hacia la carnicería tuvo un sabor amargo que no lo dejaba tranquilo, pero considero que debía dejarle de prestar atención a esos asuntos tan banales. Otro sabio consejo de Veleza. Pero olvidarlo no le resultaba tan fácil. Todo empezaba a parecer extraño, los puestos de ventas, las parejas comprando, hasta el clima parecía sombrío. Podía presentir que estaba en peligro y lograba ver cada pequeño detalle que lo representaba, y no pudo dejar de pensar en de que algo grande estaba por ocurrir. Pensó en varias posibilidades, desde un intento de robo al banco de Astrub hasta un intento de invasión, pero claro la última la descartó por que eran muy para eso y nadie se atrevería a romper la paz de diez años sin tener un buen ejército.

Ya en la carnicería, se acerco a Don Tologi y le pidió una pata de jalató – aaa enseguida mi buen Rot– era un hombre viejo de unos cincuenta años, la verdad nuca se aventuró a consultarle la edad, con un pelo oscuro azabache y destellos blancos. Nunca atendía con remera solo su delantal grande y con muchos cuchillos y en invierno usaba una camiseta delgada que le cubría los brazos < no necesito más que mi delantal> solía decir < pero si no uso esto mi doña me regaña>. Era muy curioso como un dama de tan baja estatura podía mantener a raya a un hombre del porte de Tologi. – ¿ y como esta su esposa?-.

- descansando en casa, ya está en las últimas semanas del embarazo- la charla logro hacerlo olvidar por un momento.

- que los dioses les den un pequeño sano y si tienen un poco de tiempo extra que les traiga un varoncito – pronuncio con una mueca de complicidad – Rot has tenido suerte, es la ultima pata que me queda. Tenía varias pero vinieron muy temprano varios clientes que nunca había visto y se las llevaron todas. Excepto esta- mientras levantaba la pata de jalató – no se las he dado por que es la mejor, no le iba a dar lo mejor a alguien que nunca vi. Lo mejor para mis mejores clientes.

El peligro le volvió a resonar, comenzó a creer firmemente que estaba en lo cierto < no estoy oxidado > debía investigar mas, pero sin levantar sospechas – extraños mmm…, he visto hace un rato a un grupo de extraños con un yopuka que intentaba buscar riña. ¿ serán los mismos?-

- no lo creo Rot, con estos no había ningún yopuka. Solo tres srams y un hombre común, pero si te soy sincero daba mas miedo que los demás. – termino de trocear la carne y la envolvió en unas hojas de palma.

- muchas gracias, ¿Cuánto te debo?- mientras, se palpaba los bolsillos en busca de las kamas.
Tologi saco un cuchillo viejo de debajo de la alacena – si puedes sacártela filo a esto, me pagas la  carne- era un cuchillo oxidado con pequeñas melladuras, el mango era de una madera de castaño malgastado por los años – es viejito como yo je… pero es el primero que tuve como carnicero y la verdad me gustaría poder seguir usándolo-.

Lo tomo con mucha delicadeza, como si se fuera a romper con solo tocarlo– claro que se puede arreglar, es mas, si me dejas le cambio el mango-.

- eso me agradaría mucho-.

Rot se despidió con un gesto amable y se fue del lugar inspeccionando el filo del arma. Afuera los soldados de Astrub corrían de un lado a otro y eso ponía nerviosos a los astrubienses. Era inútil intentar preguntar el por qué del alboroto, solo respondían con “a un lado guardia real pasando”.

En un instante los muros quedaron sellados solo quedo abierta la puerta del norte, donde los soldados pedían a los gritos que entren a la ciudad. El ambiente era de miedo y duda. Pero ¿Por qué? Las campanas no sonaban, había paz hace diez años. Y los pios no trajeron noticia alguna de Bonta o Brakmar queriendo romperla.

Ante la confusión los mercaderes comenzaron a cerrar y las madres metían a los niños dentro de sus casas. Pero nadie entraba en pánico. Realmente no lo ameritaba. Rot se imagino que Veleza estaría preocupada por él, pero la conocía muy bien, solo estaría preocupada no tendría miedo por algo tan simple. Por eso solo continuo su camino tranquilo como si no pasara nada, debía llegar con el pan caliente.

Ya en su hogar, Rot, estaba más tranquilo. No había peligro alguno. Veleza estaba mas linda que cuando la dejo para ir a hacer el mandado. Sentada a un lado de la mesa tejiendo un pequeño gorro para el bebe que estaba por venir.

- ¡por fin llegaste!, había mucho alboroto afuera.

- no te preocupes, deben ser los soldados haciendo algún tipo de ejercicio. No se ve peligro alguno-. Al terminar de hablar, a lo lejos, se pudo escuchar la campana. Sonaba cada vez más rápido. Rot y veleza se miraron, pero no había miedo en sus rostros. – prepara los bolsos por si debemos huir, yo iré a ver qué es lo que pasa y que tan grave es. Pero esos campanazos no me dan buena espina-.
Las calles estaban más en pánico que nunca. Todo el mundo corría como loco y ni la mitad sabia porque. Comenzó a acercarse a los que veía más calmado para preguntarles qué es lo que ocurría, pero no conseguía respuesta alguna. Decidió entonces ir al puesto de la milicia, estaba seguro que alguien le daría una respuesta allí.

Una pocas cuadras antes de llegar las calles ya eran de terror. Casas incendiadas, mercados arrasados, muerte. Los primeros muertos por armas en diez años. Pensó en volver a proteger a su familia, pero debía saber de que había que protegerla. Continuo su camino con mucha precaución y al llegar a la milicia, vio a 5 soldados arrodillados con hombres encapuchados a sus espaldas y una multitud alrededor que eran obligadas a ver, también custodiadas por hombres encapuchados.

Al ver eso corrió a su casa, ya había visto demasiado. Pero el resonar largo y poderos de un cuerno lo hizo frenar. Al instante se escucho - ¡Astrub! Para este momento mis hombres y deben haber tomado la milicia y el castillo, estoy seguro de que no saben lo que pasa y estoy seguro de que nadie se los comunica. La ciudad esta sitiada por nosotros. Por Brakmar-.

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