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Ya hacía una semana. Una semana desde la desaparición del agente Milster, que había sido «secuestrado» delante de la agente Scuelet. Las anomalías temporales seguían llenando las páginas de los periódicos. La prensa había reparado en la ausencia del compañero de la sram y le preguntaba por él, sin éxito. ¿Pero qué hace la oficina del FBA?

Sede de la Oficina de los Fenómenos Bizarros y Anormales
14:42 h

Las puertas de un edificio grisáceo cualquiera se abrieron y una aventurera pelirroja con ropa oscura salió de él. Comprobaba por enésima vez el contenido de su carpeta mientras caminaba a toda prisa. Se notaba que estaba atareada. De repente, un joven uginak la abordó:

—¿Solo a mí me parece absurdo?

La agente Scuelet levantó la vista de su bolsa y descubrió a un joven cachorro de pelo gris claro con motas negras, pelado al rape. Era tan lindo, con la lengua colgando, con las orejas gachas que le caían sobre unos grandes ojos azules, que la apresurada sram se detuvo y se agachó:

—Hola. ¿A qué te refieres, pequeño? —le preguntó Diana sonriendo de oreja a oreja.

—He leído lo que escribiste en la Gaceta de Amakna. —respondió el uginak, y luego añadió con tono visiblemente sarcástico—¡Muy bonito!
—¿Qué? Yo… yo no he escrito nada en ese periódico. Trabajo en la Oficina de los FBA e investigo sobre…
—Había un extracto de tu informe, pero en él no se mencionaba nada sobre la desaparición del agente Milster. ¡Todo lo que he leído me parece inútil! No he descubierto nada sobre las anomalías temporales.
—¡Ah! Ya veo. En ese caso, manda una carta al periódico. Estarán… encantados —respondió la agente, divertida.
—¡Ya lo he hecho! ¿Pero tú cuándo piensas terminar la investigación sobre las anomalías temporales?
—Escucha, lo siento pero no tengo las respuestas que quieres…
—¡Bravo por la transparencia!
—protestaba el pequeño y lindo can.
—Quizás… deberías buscarlas tú también. No me vendría mal un poco de ayuda… —afirmó ella con una sonrisa, que enseguida se tiñó con la amargura que le causó recordar la ausencia de su compañero.

Se puso de nuevo en pie para seguir su camino. El joven uginak la observó alejarse. La sram se giró una última vez y le preguntó con todo el cariño del mundo:

—¿Puedo contar contigo?

El cachorro esperó un poco antes de responder:

—En vez de investigar sobre las anomalías temporales, ¡podríais reparar los zaaps!

Esbozando una sonrisa forzada, la sram marcó una corta pausa y luego volvió a su investigación.

 

*****

 

Camino de las caravanas

Zaap de las Landas de Sidimote
15:48 h

El viento mecía a su antojo un cartel con un 666. Una borrasca levantó el polvo de las tierras marrones de Sidimote, lo agitó un momento y lo estrelló contra las gafas del director adjunto Renniks, que gruñó. Se las quitó para limpiarles el polvo con un pañuelo de cuadros que se sacó del impermeable. A su derecha, una tymadora toda vestida de cuero, con gafas negras y un revólver a cado lado de la cintura, le hacía de guardaespaldas. Era la agente Norahs Tercar Smis. El viento dejó de soplar de repente.

—Aquí están —dijo la tymadora.

Renniks se ajustó las gafas y comprobó que la agente Scuelet no venía sola. La briosa montura de Diana frenaba cerca del portal de teletransporte. Una aniripsa se agarraba a la cintura de la sram. Se acercó a las aventureras acompañado por la agente Smis.

—Todo despejado, de momento —informó Renniks.

—Si las indicaciones de Reki Zenémij son correctas, no tendremos que esperar mucho… —afirmó la agente Scuelet mientras bajaba de su montura.

En el portal se distinguían las inscripciones características del visitante con tocado de búho. Indicaban el código «h 61 – 94.50.61».

—¿Qué significa? —preguntó la aniripsa con gran interés, mientras Diana la ayudaba a bajar procurando que su corta falda no se levantara y que su diadema de orejas de miaumiau no cayera al suelo.

—Agente Renniks, agente Smis, os presento a Ariel Hiel, una amiga —explicó la agente Scuelet—. He pensado que una aniripsa podría ayudarnos si ocurre… lo que creemos que va a ocurrir.
—Para responder a tu pregunta, señorita Hiel —continuó Renniks—, el «modus operandi» del sospechoso Reki Zenémij consiste en deteriorar bienes públicos de tipo zaap dejando en ellos inscripciones difíciles de limpiar que pueden interpretarse como mensajes al revés, en este caso: "16.05.49 – 16 h".
—El 16 de maisial de 649 a las 16 h —aclaró Diana.
—Pero eso es… —dudó Ariel.
—… ¡JUSTO AHORA! —gritó la agente Norahs Tercar Smis desenfundando ambos revólveres, mientras, con un chisporroteo, un halo de vapor y una luz violeta cubrían el zaap.

 

Los cuatro aventureros retrocedieron para alejarse del portal. La agente Smis apuntaba a la estructura. El viento volvió a levantarse. El cielo se oscureció. El interior del zaap se iluminó y empezó a dar vueltas. Aquella espiral de luz violácea parecía vibrar por momentos. Era como si el viento, cada vez más fuerte, se agitara bajo su influencia. De forma inconsciente, los aventureros se acercaron los unos a los otros hasta formar una piña.

El tiempo no pasaba. Cuando, de repente…, una cosa negra se arrastró al exterior, procedente del portal. Una inmunda babosa negra se arrastraba por el suelo haciendo un sonido repugnante. Debía de medir un kámetro de largo y medio de ancho; tenía unos puntos luminosos color cian en la espalda. Salió por completo del círculo de luz y se detuvo. Después, ¡abrió de golpe el único ojo demoníaco que tenía!

Entonces, decenas de sus congéneres escaparon del portal.

—¡Venga, Smis! —ordenó Renniks.

La tymadora no se hizo de rogar y acribilló a tiros el portal. No falló ni uno solo, pero los objetivos empezaron a desplazarse a mayor velocidad, avanzando peligrosamente hacia el grupo. Una de ellas, que tenía el camino despejado, se abalanzó a toda prisa hacia la joven aniripsa, que gritó aterrorizada. La agente Smis se percató y reventó al asqueroso gasterópodo en el aire. Al explotar, un líquido azulado salpicó a la pobre Ariel en la cara. La agente Scuelet se había escondido detrás de ella. Tras comprobar con alivio que lo peor había pasado, intentó tranquilizar a la aniripsa:

—¿Estás bien, Ariel?

—Creo… ¡eeerk!... Creo que he tragado un poco…
—¡Mirad! ¡Llegan más! —gritó la agente Smis, lista para otro asalto.

Una silueta se dibujó en el círculo de luz. Diana puso los ojos como platos. ¡Era él!

—¡Baja las armas, agente Smis! —le ordenó la sram, que acto seguido se precipitó hacia el portal.

—¡Scuelet! ¡No te acerques! ¡¡¡Es peligroso!!! —gritó Renniks.

La agente Scuelet llegó justo a tiempo para agarrar en brazos la borrosa silueta que acababa de salir del zaap. El resto del grupo se acercó. Diana los miró con ojos brillantes:

—¡Ha vuelto!

En sus brazos, el agente Milster mostraba una sonrisa tímida, que enseguida desapareció en una mueca. Parecía que le dolía el estómago. Empezó a gesticular. La garganta se le hinchó… ¡y escupió una babosa oscura! Todo el mundo, incluido el plácido director adjunto Renniks, gritó aterrado. El sonido viscoso que la criatura hizo al estrellarse contra el suelo fue repugnante. Se agitó en todos los sentidos, manchando el suelo de baba. Finalmente, consiguió enderezarse y abrió su abominable ojo luminoso. La aniripsa lanzó un auténtico grito de guerra:

—¡¡¡Largo de aquí, bichooooo!!!

De una prodigiosa patada, la criatura salió volando, y la agente Smis la reventó en el aire con un disparo certero. La agente Scuelet intentó hablar con su compañero, que seguía en el suelo:

—Fux, ¿estás bien? Hiel se ocupará de ti, ¿de acuerdo?

—Larvas de Rushu… —respondió este con dificultad, aunque parecía contento.
—¿Qué...?
—Larvas de Rushu, Scuelet. ¡Todos las habéis visto! Ja, ja… Las larvas existen

 

El xelor, enfermo, con las vendas mojadas en un sudor frío, perdió el conocimiento. La aniripsa se inclinó sobre él.

Continuará…

Y tú, ¿alguna vez te has enfrentado a una larva de Rushu?

Mucho después de crear el tiempo, el dios Xelor diseñó un reloj para medir su paso en 11 horas y 11 meses. Rushu, enfadado por no haber contado con él, añadió una duodécima hora y un duodécimo mes infestando el reloj de larvas.

Así, mientras las mariposas, las tempusfuguitas, empujan las agujas de las horas del reloj divino de Xelor, las larvas de Rushu se encargan de ralentizar el tiempo…

 

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