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La aniripsa Ariel Hiel se había mostrado intransigente: «¡No! ¡El señor Milster no puede viajar a Frigost en su estado!». Así que el agente había disfrutado de sus cuidados durante una semana más. La agente Scuelet se había marchado a explorar el zaap del Pueblo Sepultado. ¿Conseguiría la Oficina de los Fenómenos Bizarros y Anormales esclarecer por fin el misterio de las anomalías temporales?

Zaap del Pueblo Sepultado
Frigost
20:57 h

La noche ya se dejaba caer sobre la llanura algodonada. Una ligera brisa mecía las ramas de los abetos y de las campanillas de invierno. Un gélifux brincaba sobre la nieve en polvo. Se detuvo en seco cuando una espiral de luz empezó a girar en el centro del portal de teletransporte. La criatura, durante un segundo cautivada ante el fenómeno, terminó huyendo. Tres siluetas encapuchadas salieron del arco. Tras dar unos pasos en la nieve, una de ellas se descubrió el rostro para observar mejor a su alrededor.

—¡Uauuu! ¡Qué bonito es esto! —dijo ingenuo el agente Milster.

—¡Y tranquilo! —añadió la agente Norahs Tercar Smis—. Estaba impaciente por atravesar el zaap de Astrub. ¡Hemos perdido mucho tiempo haciendo cola!
—Ya estamos aquí, eso es lo importante —apuntó el director adjunto Renniks—. Démonos prisa. La agente Scuelet lleva unas cuantas horas ya esperándonos.
—La pelirroja estará que trina… —bromeó la agente Smis.
—¡Mirad! ¡¡¡Está empezando a nevar!!! —El agente Milster estaba encantado.
—Vamos, vamos. A veces, parece que aún estás en la guardería.
—Eh, eso no es verdad…

Con el número de copos de nieve en aumento, pusieron rumbo a una estación meteorológica. Por el camino, Retlaw Renniks explicó a sus dos compañeros que la instalación pertenecía al FBA. Se trataba de una división de investigación especializada en el análisis de las marcas en el cielo. Con el permiso de la agente responsable de la instalación, Kapa Montesdoka, la agente Scuelet ya llevaba unos días en el lugar. Se había llevado con ella todos los documentos de los casos abiertos para volver a echarles un vistazo tranquilamente, mientras vigilaba el zaap del Pueblo Sepultado. No hacía mucho, se había encontrado fijado en el portal un artículo de periódico sobre el Cuervo Negro fechado en 981. ¿Engaño o prueba verídica? Era difícil determinarlo, pero las últimas apariciones siempre habían estado precedidas por ese tipo de signos.

—Sobre todo, seamos comprensivos con la agente Scuelet —advirtió Renniks delante de la puerta—. Lleva varios días aquí encerrada trabajando, y nosotros hemos perdido mucho tiempo, así que…

La puerta se abrió de repente. Los tres agentes no movieron ni un músculo. Solo mostraron una sonrisa forzada.

—Entrad, por favor. ¡Estaréis congelados!

La voz era amable, la sonrisa, encantadora. Obedecieron sin rechistar.

—¡Os he preparado galletas con leche de kokoko!

El agente Milster no pudo contenerse.

—¡Uau! ¡¡Dime quién eres y qué le has hecho a Diana!!

Ella rio y le puso la mano al xelor en la mejilla. —Echaba de menos hasta tus bromas, Milster. —Luego, se dirigió a todo el grupo—. ¿Habéis traído todas las pruebas que quedaban en la oficina? He descubierto algo nuevo, pero antes seguidme: tengo que presentaros a alguien.

Desprendidos de sus abrigos forrados, siguieron a Diana y entraron en el comedor. Una encantadora hipermaga con gafas los recibió.

—¡Se presenta la agente Montesdoka! Esta noche, el tiempo estará revuelto. Nos encontramos ante violentas borrascas de nieve y las temperaturas caerán en picado —anunció la hipermaga con toda la alegría del mundo.

—¿Estás segura? —preguntó extrañado Milster—. Hace nada solo caían unos cuantos copos.
—Veremos ráfagas a partir de las 21:12 que levantarán la nieve —añadió Kapa Montesdoka—. Mañana por la mañana, ¡presenciaréis sin duda una «nevasca»!
—¿Una nevasca? ¿Qué es eso? —preguntó Norahs Tercar Smis.
—También se le llama ventisca de nieve. Básicamente, no se distinguirá el suelo del cielo: ¡todo será de un blanco absoluto! ¡Es genial! ¡Ja, ja, ja!
—Entiendo… —dijo la agente Smis. Luego, preguntó a Fux—: ¿Qué es lo que se han fumado, exactamente?
—Quizás la soledad vuelva a la gente más zen, Norahs —susurró el agente Milster.
—¡¡¡GALLETAS!!! —anunció la agente Scuelet con un plato en la mano, dando un susto de muerte a Fux.

 

*****

 

Habitación del agente Milster
Estación meteorológica
23:59 h

Unas voces resonaban en la cabeza de Fux.

—Es un feik, Milster, lo sabe hasta mi abuela.

—Suele pasar eso cuando te mueres. Es… el final.

—¿Insinúas que nos encontramos ante un perforatroz, Milster?

—Dices eso porque es viejo y su sombrero emplumado le da un aspecto un tanto senil.

—¡Abrázame fuerte, Fux!

—Vamos a pasar un tiempecito juntos, pequeño xelor malicioso, ¡ja, ja, ja!

—¿Solo a mí me parece absurdo?

—¡¡¡AAAAAAAH!!!

Se despertó con un sobresalto. Todavía le entraba fiebre por la noche. Se sentó en la cama y agarró a ciegas el vaso de agua que había sobre la mesilla. De repente, vio una cabeza peluda que lo observaba por la ventana, en mitad de la ventisca.

—¡¡¡Scueleeeeeet!!! —gritó sin pensar.

Inmediatamente, la sram entró en la habitación con una lámpara de aceite.

—¿Has tenido una pesadilla? Ya pasó…

—¡Milster, tengo que hablar contigo! —exclamó la agente Smis, que también se presentó en la habitación con una lámpara.
—Tendrás que esperar, Norahs. Estoy… ¡indispuesto! —respondió el xelor sonriendo de oreja a oreja y con la cabeza apoyada en el pecho de su compañera.
—¡¡¡AHORA MISMO!!! —La tymadora estaba ansiosa.
—Está bien, está bien…
—Si necesitas algo, solo avísame —dijo Diana. Acto seguido, abandonó la habitación.
—Milster, aquí hay algo que no cuadra… —explicó Smis.
—No sé de qué hablas…
—¡De Scuelet! En general, es tan áspera como una piel de jalalínea sin curtir. ¡Pero ahora parece una gelatina de fresa bañada en miel!
—Humm…
—¡Abre los ojos de una vez!

De pronto, alguien gritó: «¡FUEGO!». Era Renniks. Fux saltó de la cama y se precipitó hacia el lugar de donde venía la llamada de auxilio. Tomó un largo pasillo que recorría toda la estación, y descubrió una luz cegadora procedente del despacho de la agente Scuelet. Entró en él. Una ola de calor intenso lo envolvió. Renniks intentaba sofocar las llamas con una manta, pero el fuego lo rodeaba, devorando cajas y pilas de documentos que había en las estanterías. Las páginas que el fuego consumía revoloteaban por la habitación. Era un infierno. La agente Smis apareció en el despacho con las armas listas.

—¡Guarda eso, Norahs! ¡Lo que necesitamos es agua! —gritó el director adjunto Renniks.

Smis y Milster dieron media vuelta para salir de la habitación, y gritaron al unísono: un joven uginak con el pelo al rape y envuelto en un abrigo forrado los observaba; tenía las orejas levantadas y la lengua colgando.

—Pues si apenas avanzáis teniendo pruebas…

 

*****

Comedor
Estación meteorológica
00:36 h

Una vez apagado el fuego, el director adjunto de la Oficina de los Fenómenos Bizarros y Anormales convocó una reunión, aunque, más bien, parecía un juicio. Todos los protagonistas estaban sentados en círculo, con el pelo alborotado y la cara un poco ennegrecida: Retlaw Renniks, Norahs Tercar Smis, Kapa Montesdoka, Diana Scuelet, Fux Milster y hasta el pequeño can moteado, que sorbía una botella de CocaCarol con una pajita de bambú.

—Compañeros… —Miró al pequeño—, invitado… —El uginak le sacó la lengua—, la situación es grave. Todas las pruebas, todas las declaraciones, todos los archivos, todas las conclusiones de nuestra investigación sobre las anomalías temporales se han quemado esta noche. Intentaremos descubrir lo que ha pasado, empezando por ti, pequeño. ¿Quién eres? ¿Qué haces aquí? ¿Dónde están tus padres? ¡¿Es que no ves la que está cayendo fuera?!

—Mi apodo es Troolic. —Sorbió haciendo mucho ruido—. Estoy de vacaciones en Astrub, en casa de mis abuelos. Estaba dando un paseo cuando vi al agente Milster en la cola del zaap. Quería saber cómo ibais a seguir fracasando en la investigación con el agente Fux de vuelta.Sorbió—. Así que me acerqué para descubrir a dónde os dirigíais. Al volver, pregunté a mis abuelos si podía dormir en casa de un amigo que vive al lado, y volví a salir un poco más tarde con el abrigo. Todavía estabais esperando. Me colé para tomar el zaap poco después de que lo hicierais vosotros y os seguí.
—¿Eras tú el que miraba por mi ventana? —preguntó Milster.
—Sip. Gritaste como un bebé asustado —respondió el pequeño y volvió a sorber.
—¿Eres responsable, aunque sea de forma accidental, del incendio que se ha producido en el despacho de la agente Scuelet?
—¿Por qué habría hecho algo así? —Sorbió.
—¿Para ver cómo íbamos a «seguir fracasando en la investigación»? —apuntó Diana.
—Agente Renniks, ¿podríamos dejar de marear la perdiz y centrarnos en lo importante? —La agente Smis se impacientaba—. ¿Podríamos hablar ya de que dos minutos antes de producirse el incendio vi a la agente Scuelet con una lámpara de aceite?
—¡Eso no demuestra nada! —La sram se defendió.
—Pero hemos encontrado una lámpara de aceite rota al pie de una estantería en tu despacho —añadió Renniks.
—¡Esto es ridículo! —intervino Fux—. ¡También podríamos acusar a Kapa, ya que estamos!
—¿Y por qué no empezamos por interrogarla? ¿Dónde estabas cuando se originó el fuego?
—Yo… estaba en mi laboratorio —vaciló la hipermaga—. Estaba haciendo unos análisis.
—¿Qué tipo de análisis?
—Análisis sobre… sobre la lluvia y el buen tiempo… sobre la densidad de los copos… ¡Vale, de acuerdo! ¡Lo confieso! ¡Volví a la cocina para terminarme las galletas con nuez de kokoko, ya lo he dicho!

Todos los presentes se quedaron boquiabiertos.

—Estoy muy decepcionado, Kapa —confesó Milster asintiendo.

—¿Hola? ¿Chicos? ¿El fuego? —intervino la agente Smis para reconducir el debate.
—¿Y tú, Norahs? —preguntó Diana—. Todo el mundo sabe que te encanta la acción. ¿Por qué no podrías ser tú la responsable del incendio? Con este frío. Este aburrimiento. ¡Tenías que animar un poco la situación! ¡Confiesa!
—Estaba con el agente Milster cuando ocurrieron los hechos. Pero tú no, pequeña sram de cabello ardiente… Además, ¿desde cuándo los discípulos del engaño preparan galletas que no estén envenenadas?, ¿o son simplemente… amables? ¿Eh?
—Vamos a ver, Norahs, ¿por qué habría ayudado a reunir todas esas pruebas para después destruirlas? —señaló Milster.
—Porque ella no es la agente Scuelet.

Todas las miradas se clavaron en el lindo cachorrito.

—¿Cómo dices? —preguntó el director adjunto Renniks.

—Digo que ella no es la agente Scuelet. —Sorbió con gran ruido hasta la última gota de la botella, la puso bocabajo para comprobar que estaba totalmente vacía y la lanzó hacia atrás.
—No iréis a hacer caso a este mocoso, ¿verdad? —Diana se defendió.
—Vaya, vaya. La piel de jalalínea ha vuelto. —La agente Smis parecía satisfecha.
—¿Por qué dices eso, chico? —preguntó Renniks.
—Porque encontré a la agente Scuelet atada en el sótano.
—¡¿Y por qué no lo has dicho antes?! —gritó Milster. Se levantó rápidamente y se dirigió a toda prisa hacia las escaleras para comprobar lo que acababa de afirmar el cachorro.
—Porque no me habéis preguntado.
—¿Por qué no la desataste? —preguntó Renniks.
El cachorro se tapó un lado de la boca con la pata, como si fuera a confesar un secreto. —¡No me cae bien!

El agente Milster volvió del sótano con la agente Scuelet en brazos. Norahs Tercar apuntó con uno de sus revólveres a la Diana que se encontraba en el círculo. Esta bajó la cabeza. Empezó a reírse de manera diabólica. El pelo se le puso azul. La piel, blanca. Las piernas se le juntaron en una sola, formando algo que se parecía a una cola de pischis.

—Parece una ondina… —murmuró Renniks.

—No, Retlaw. ¡Es la Fab'húcubo! —corrigió el agente Milster.

Dos cuernos rayados le salieron del cráneo. En lugar de orejas, ahora tenía dos aletas grandes y afiladas. De repente, levantó la cabeza para que todos vieran su oscura mirada. Pues sí, era la Fab'húcubo.

—¡¡¡Atrapadla!!! —gritó la agente Smis.

Un auténtico caos inundó el comedor. Todos intentaban echar el guante a la viscosa criatura. Solo el simpático y pequeño uginak permaneció en su sitio, rascándose detrás de la oreja con la pata trasera. Una ventana se rompió. El viento penetró en la sala. Los copos de nieve invadieron el comedor. La Fab'húcubo aprovechó la situación para huir de la estación. Fux y Norahs la persiguieron en mitad de la ventisca.

Ver algo y avanzar era prácticamente imposible. El viento soplaba con tanta violencia que los dos agentes cayeron de espaldas varias veces.

—¡No lo lograremos, Fux!

—Hay que intentarlo…
—¡Mira!

A unos kámetros, dos cuernos y dos aletas sobresalían de la nieve… De pronto, ¡se abalanzaron a toda prisa hacia ellos! Los agentes se hicieron a un lado para esquivarlos. La Fab'húcubo surgió de la masa nevada y tiró al agente Milster al suelo. Poniéndole una mano en la mejilla y con el rostro pegado al del xelor, pronunció sus últimas palabras:

—¡Adiós, Fuxiii!

Después, desapareció en la ventisca.

*****

 

Zaap del Pueblo Sepultado

Frigost

8:08 h

La agente Kapa no se había equivocado. Aquella mañana todo era de un blanco absoluto. Incluso el arco de teletransportación. Solo se distinguían seis pequeños puntos en la página en blanco. De cerca, habrían podido verse los rostros inexpresivos de los diferentes testigos de la convulsa noche anterior. Destrozados. Sin duda, porque no habían conseguido resolver el misterio de las anomalías temporales. Estaban como al principio. O casi. El agente Milster puso una mano en el hombro de la agente Scuelet. Intercambiaron una mirada de complicidad. Fux se sacó del bolsillo una larga pluma gris, algo ennegrecida y en parte consumida. Diana se sorprendió. El silencio reinaba en la llanura algodonada. Hasta que un simpático perrito decidió romperlo: —Habéis fracasado pero bien…

 

Fin

Episodio 1: EL CASO DE LA CARNICERA DE BRAKMAR
Episodio 2: EL CASO DEL REY MOHÍNO
Episodio 3: EL CASO DE «LA DESENTERRADA»
Episodio 4: LA FAVORITA DE SADIDA
Episodio 5: EL VENGADOR DE OTRO TIEMPO
Episodio 6: EL CAMPEÓN DE LA AURORA PÚRPURA
Episodio 7: EL RELOJERO
Episodio 8: LAS LARVAS DE RUSHU
Episodio 9: EL CUERVO NEGRO
Episodio 10: LA FAB'HÚCUBO