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Resuena a través de las eras. Como una especie de eco entre una época y otra. Todavía no comprendemos su significado. Pero es cuestión de tiempo. El fin de un ciclo y el comienzo de uno nuevo. Como un bucle que se moldea, que va tomando forma vuelta tras vuelta. Un «déjà vu» nada parecido al anterior. La arena sigue cayendo. El último grano revelará la verdad…

Los viajeros que han usado la red de zaaps han sido víctimas de extraños sucesos. La investigación determina que se han topado con una serie de anomalías temporales. Las anomalías son invisibles, ya que se sitúan en los confines de la realidad... pero sus efectos sí que pueden verse. Su presencia perturba a las criaturas del Mundo de los Doce. Por no mencionar las demás consecuencias, como que los relojes se desajusten y una oleada de dolores de cabeza entre los xelors. ¡Las anomalías podrían incluso causar un colapso del Kontinuum, la trama del espacio-tiempo! ¿Cuál es su origen? Es un misterio que intento resolver.

Soy la enviada de Xelor.

Me han hablado de un niño de Amakna…

Según cuentan, desde que se cayó de un dragopavo hace algunas semanas, tiene visiones sobre el futuro. Todo lo que él anuncia parece ocurrir de verdad. No todo el mundo conoce el arte de la adivinación. La mayoría de las veces, no es más que superchería y puesta en escena. Pero no se puede descartar ninguna pista…

¿Por qué frena así la diligencia?

El cochero abre la ventanilla del habitáculo de madera donde viajo, dejando entrar el viento y la lluvia.

—¡Viajeros, señora! —grita bajo su fular.

—¿Y? —le respondo.
—Me indican que pare. ¿Lo hago para que puedan subir o…?
—¡No tenemos tiempo!
—De acuerdo, señora.

Cierra la ventanilla con la misma sequedad. Brrr… ¡Apenas unos segundos y el frío ha entrado! Me subo la capucha y me abrocho el abrigo forrado hasta arriba. Después me giro. Por la ventana trasera distingo dos siluetas en medio del paisaje grisáceo: una sram grande y pelirroja, calada hasta los huesos, que parece de mal humor (supongo que me está lanzando todos los insultos que conoce); a su lado, un pequeño xelor, quieto, con un gran sombrero de aspecto pegajoso. No logro distinguir bien su expresión, pero creo que sonríe.

*****

Cuando llamo a la puerta, una madre zobal me abre y me invita a entrar en su casucha. Por educación, se levanta la ancha máscara tribal. Detrás del rictus desmesurado se esconde una pequeña cara redonda y sonriente.

—¡Sígame! Smoussy está jugando en su habitación.

—Gracias por recibirme, señora Torrancio. No la molestaré mucho tiempo…
—¡Oh, tómese todo el que quiera! —afirma la zobal de corta estatura, que recorre tranquila un laberinto de pasillos estrechos y mal iluminados mientras yo me voy golpeando por todos lados—. ¡Y llámeme Mimy! No hay mucha gente que venga a verme, y mucho menos damas tan hermosas y bien ataviadas como usted. Está investigando sobre las anomalías temporales, ¿no es cierto?
—Sí, señora. Quizás esto no tenga nada que ver, pero, si lo que se dice sobre su hijo es cierto, es posible que su testimonio aporte más información para la investigación.
—El hechicero del pueblo ha dicho algo sobre un siamés
—¿Un siamés?… Ah, ¿se refiere al «siam»?
—¡Sí, el siam es! —exclama Mimy Torrancio con una risita—. Disculpe, ha sido una broma muy estúpida. Explíqueme qué es el siam…
—Según una teoría hipermaga, el siam es un espacio de almacenamiento mágico que existe en cada uno de nosotros. Justo aquí… —Me señalo la sien derecha para indicarle la cabeza—. Un espacio que no usamos. Al parecer, esconde una energía que ellos llaman «luz». Se ha descubierto en algunas personas que sufrieron un traumatismo. Pero sigue siendo una teoría sin demostrar…
—Ahora que me lo ha explicado, ¡comprendo todavía menos!
—Le enviaré mi informe —respondo mientras ella me abre la puerta de la habitación de Smoussy.

El pequeño está de espaldas y a contraluz. Está sentado en medio de la habitación con las piernas cruzadas. Debe de tener cinco o seis años. Parece envuelto en una luz intensa y cálida que entra por la ventana. Fuera, sin embargo, hacía frío y el día estaba gris, hace un rato… El niño realiza un movimiento repetitivo que ahora mismo no sabría interpretar; pero sí estoy segura de que está susurrando. Su madre lo llama. Se vuelve enseguida, incluso un poco antes, lo que me parece sorprendente. Lleva una máscara de madera desprovista de color y de expresión. La muñeca que peina sobre las rodillas lleva exactamente la misma indumentaria que el niño, como si fuera su «miniyo». Justo ahora, me pregunto por qué estoy aquí.

—Es la enviada de Xelor de la que te hablé, Smoussy. ¡Sé educado y quítate la máscara para hablar con ella!

Se levanta el objeto de madera. Su rostro me tranquiliza tanto como el de su madre hace un rato. ¡Sí, es un niño! La aterradora muñeca sigue sobre sus rodillas.

—Hola. ¿Podrías contarme lo que te pasó? El accidente, las visiones…

—No son visiones, señora. Es la realidad, solo que… sueño con ella antes. ¡Son sueños que existen de verdad! —Juega con la muñeca, montada ahora en un dragón de peluche—. Volvía de la escuela montando mi dragopavo, Lechetazo. Salíamos del zaap del pueblo cuando se volvió loco, como si sufriera vértigo… —Agita el peluche como si estuviera encabritado—. Intenté calmarlo, pero fue imposible. ¡Y pam! —Aplasta la muñeca contra el suelo—. Bueno, es lo que creo; no recuerdo haberme caído. En ese momento tuve mi primer sueño. —Vuelve a ponerse la muñeca sobre las rodillas.
—¿Y?

Los ojos se le quedan fijos. Tiene la mirada perdida. La muñeca parece mirarme a mí. Me llevo un buen susto cuando una voz grave, gutural, sale de la boca del pequeño Smoussy Torrancio.

ALLIDASEP… ALLIDASEP…

Después, se acerca la muñeca a la oreja, como si esta le susurrara algo. Le gira la cabeza noventa grados para mostrarme otra de sus caras. Una figura horrible.

—¡No esperaré más para recoger lo que hemos sembrado! —exclama el niño con una nueva voz, nasal y socarrona.

—¿De… de qué hablas, Smoussy? —le pregunto. Él parpadea como si acabara de volver de repente en sí.
—Le hablo de mi primer sueño —responde sin darse cuenta de su ausencia—. Vi a un aventurero encapuchado. Era joven. Me recuerda a usted. Parecía ajeno al tiempo. Como si estuviera en un bucle…
—Martalo
—¡Sí, es lo que dijo en mi cabeza! Que estaba buscando un… poder que no podía controlar a su dios…
—¿Quieres decir «que Xelor no podía controlar»?
—Sí, es lo que he dicho. Después tuve sueños mucho más reales, al menos para mí… Por ejemplo, vi a Pan Filo, el panadero del pueblo, y se le quemaba el pan en el horno porque no hacía más que hablar con las chicas de al lado, las de la tienda «Abrak». Más tarde vi a todos los dragopavos de Kuja escaparse del cercado; lo había cerrado mal y estaba demasiado ocupado contando sus jalatós.
—¿Y cómo sabes que todo eso pasó de verdad?
—Mamá fue a verlos después de que se lo dijera. Y, bueno, llegó justo a tiempo para evitar la catástrofe. El panadero y el ganadero la miraron extrañados, según me contó ella.
—¿Has vuelto a tener algún sueño inexplicable, como el primero?
—Sí…

Se acerca la muñeca a la oreja y asiente con la cabeza, como si la estuviera escuchando. Vuelve a girarle la cabeza. Ahora tiene un nuevo rostro, agresivo esta vez.

¡Es hora de pasar a la ofensiva! —grita con voz autoritaria.

Otros noventa grados y muestra una cara odiosa y deforme.

No hay por qué precipitarse. Nuestros esfuerzos pronto darán sus frutos.

Vuelve a hacerlo. Nuevo rostro, nueva voz.

¡Los esclavizaré a todos!

Tengo la impresión de que otros están hablando a través de este pequeño zobal. He contado varias personalidades. Todo esto me pone la carne de piolina. Smoussy, seguramente por haberla apretado demasiado, le arranca sin querer la cabeza a la muñeca. Es como si acabara de… romper el vínculo. Y sigue hablando como si nada.

—Es extraño. Ya no recuerdo bien mi segundo sueño. Creo que vi un dragón y… plumas. Pero no recuerdo el resto. ¡Se fue! Deben de ser las voces. Me roban los sueños.

  • —¿Qué voces?
  • —Las que oigo a veces en mitad de la noche y me sacan de los sueños. Las voces del armario.
  • —¿Del armario?
  • —¡Sí, ahí!

Me señala una salida justo a mis espaldas, que antes no había visto. Mientras permanezco agachada para estar a la altura de Smoussy Torrancio, descubro una puerta grande y blanca repleta de dibujos infantiles monstruosos. Escrito con lápiz de color rojo, puedo leer:

ALLIDASEP

En mis labios: «Pesadilla».

Abro la puerta… ¡y contengo un grito cuando una fregona me cae encima! Smoussy y su muñeca se ríen. Bueno, él se ríe. Creo.

He decidido que voy a hablar del niño con el Mago de Zo. Que él juzgue si habría que avisar a otra persona. Una persona que sepa interpretar estas señales mejor que yo.

El maestro de los sueños te espera en una próxima misión del juego a finales de octubre. Hasta entonces… ¡duerme bien!