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Tras haber interrogado a un primer sospechoso, dos agentes de un servicio secreto se disponen a cambiar de marcha en su investigación sobre los pergamigromantes. El próximo testigo no solo va a formar un polvorín, sino que va a despejar la cortina de humo que anda rondando este caso.

—¡No me toques o te reviento!

Las dos agentes alzan la mirada hacia la puerta de la sala de interrogatorio. Escoltada por dos milicianos, una pequeña aventurera enmascarada y esposada les lanza una mirada asesina.

—Por favor, siéntese, señorita Brendo Welsh —la acoge la agente feca con un tono neutro mientras hojea su expediente.

Una vez instalada la tymadora en su silla, los milicianos pueden retirarse. La agente osamodas se acerca con una pesada caja y la deja caer ruidosamente sobre la mesa. En ella se aprecian armas y otros materiales, pero, especialmente, un buen número de pergaminos.

—¿Reconoce usted estos objetos, señorita Welsh?

—No soy ninguna señorita
—¡Vaya! «Señora» —ironiza la agente osamodas, que recibe de inmediato como respuesta una mirada vengativa de la tymadora.
—Han encontrado estas armas y estos pergaminos de magia en el petate de su dragopavo.
—¿He hecho algo ilegal, señora agente?
—Todavía no, pero vigilamos de cerca el tráfico de pergaminos de magia…
—¿«Vigilamos», quién, señora agente?
—La DGSD, Dirección General de la Seguridad Docera, señorita. Esta nueva práctica de intercambio de pergaminos de magia ha experimentado un auge considerable y fulgurante que no ha dejado tiempo para establecer un marco legal adecuado a la situación…
—Vamos, que me han detenido sin motivo aplicable. Sin haber cometido la más mínima infracción. La DGSD es una organización independiente, según tengo entendido. Vuestro interés por los pergaminos de hechizo también es fulgurante y… sospechoso. ¿Quién os ha contratado?
—No tenemos por qué…
—¿El Comité de la Magia o la Inquisición?
—¡Está bien: hablemos de los grupúsculos y de sus intereses! —interviene la agente osamodas—. Usted misma pertenece a uno de ellos…

La agente mueve una tarjeta de visita en la que puede verse una fotografía de Brendo Welsh en la que esta sale poniéndose bizca, abriendo la boca, haciendo una mueca y, además, sacando la lengua.

—Eres miembro de la LOLJDR

La Loable Orden Liberadora de la Jauría Docera Religiosa —retoma la agente feca mientras se sube los anteojos.
—Parece el nombre de alguna secta, ¿verdad, jefa? —añade la agente osamodas.
—Es iróóónico… —subraya Brendo Welsh alzando la mirada. Le hemos puesto ese nombre para burlarnos de esos pretenciosos del Comité de la Magia y de la Inquisición.
—«Le hemos puesto ese nombre…». ¿Formas parte de los fundadores?
Pfff… ¡Qué más dará! Tan solo somos un grupo de aventureros, de amigos que aprovechan la renovación que suponen estos pergaminos. ¡La magia no es ni será nunca propiedad de una élite egoísta que se cree muy chulita!
¡Te equivocas en eso!

Esa última frase, pronunciada con una voz masculina, viene de un rincón oscuro de la sala. Un ser afectado y coronado con una voluminosa peluca blanca hace su entrada:

—Si el primer iletrado que aparezca puede alcanzar el mismo conocimiento que el erudito que ha aprendido a fuerza de trabajo, entonces… estamos perdidos.

A las tres jóvenes les entra la risa tonta. Cabe decir que la noble apariencia de su invitado resulta también ridícula. Una vez pasada la reacción, Brendo responde al intruso:

¡Comfor Delaya! Confieso que el Comité de la Magia me decepciona mucho... Hubiera apostado a que esta vileza llevaba la firma de la Inquisición…

—Por mucho que estén locos por los dioses, tengo que reconocer que comparto con ellos cierta idea del respeto, de las tradiciones y del aprendizaje. Algunos en el comité se han opuesto a esta idea de desmantelar el tráfico de pergaminos de magia, ¡pero hay que saber actuar!
—Cuando dice «actuar», ¿se refiere a «contratar a alguien para hacer el trabajo por ti y mantenerte oculto en las sombras»? —espeta Brendo.
—¡Ah, no tomarse nada en serio es tan característico de los miembros de la LOLJDR! Es la misma razón que os lleva a saquear el conocimiento de los demás conformándoos con leer un pergamino, cuando estas personas cultivadas han tenido que averiguar las cosas por ellas mismas y esforzarse mucho para dominar esa magia. La suerte que te espera será solo justicia…
—¿Qué quieres decir con eso…? —preguntó la tymadora.
—Sí, ¿qué quieres decir con eso? —repite la agente feca aparentemente sin estar informada.
Dejadme que tome el relevo…

Las miradas se giran ahora al rincón oscuro opuesto…

*****

 

 

—Vale… ¿Cuántas personas más hay escondidas en esta sala de doce kámetros cuadrados? —pregunta en voz alta la agente osamodas, incrédula.

Un sacerdote vestido de blanco avanza hasta la luz:

—Soy el padre Nynio. He venido a ayudaros. Los caminos de la herejía son muchos, y se puede tomar uno de ellos sin querer y…
—Yo sí quiero. ¡Y no necesito ayuda! —corta en seco Brendo.
—Eres una jalalínea descarriada. Y, además, formas parte de un rebaño entero llamado LOLJDG… Pero vamos a ayudarte
—Cuanto más lo dices, más mal rollo das… —comentó Brendo.
—No te preocupes, tan solo seguiremos las enseñanzas del Índice.
—¿Y eso qué significa? —inquirió la agente feca.
—Vamos a llevárnoslos con nosotros. A ella y al pandocra o… ocradawa… como se diga. Han blasfemado, pero todavía estamos a tiempo de salvarlos. Solo vamos a marcarlos y… castigarlos. Un poco…
—¡De eso nada! —intervino la agente feca levantándose de la silla—. Nos habéis contratado para investigar. Nuestra investigación debía servir para tomar una decisión con respecto al tráfico de pergaminos y, en su caso, para regularlo.
—Esa es su parte, sí… La mía no es asunto suyo, señorita

Isis, la agente osamodas, se interpuso entre Brendo Welsh y el sacerdote y desenvainó un látigo de su cinturón. El sacerdote sonrió. Comfor Delaya amenazó entonces a la agente con un revólver rosa.

—¿Es mi arma? —reaccionó la tymadora esposada.
—Sí, estaba ahí, a mi disposición, en esa caja. ¡Ja, ja!
—Esa pipa no te hará nada —le sopló a la agente osa—. La fabriqué para que curara… ¡Es mi lado aniripsa!

La agente desarmó de un latigazo a su oponente, que respondió con un grito estridente sujetándose la mano:

—¡AAAAAAAAAH!

Aquello no borró la sonrisa de la cara del padre Nynio. Los dos milicianos entraron en la sala para amenazar a las dos agentes con su lanza.

—No podéis hacer eso —afirmó la agente feca.
—Es por su bien. No saben lo que están haciendo —replicó el sacerdote.

Le hizo una señal a uno de los milicianos para que agarrara a la prisionera. Pero, en ese mismo momento, una bola de plumas rodó por el suelo. Era un tofu tembloroso, con el pico cubierto con dos cintas adhesivas que formaban una cruz. En su abdomen, una cuenta atrás mecánica pasó de tres a dos. Todos se tumbaron boca abajo contra el suelo y se cubrieron la cabeza. Cuando el contador llegó a cero, salió un gas del trasero de la criatura, llenando de humo toda la sala…

Continuará…

¡La Llegada de los Pergamigromantes ya está en DOFUS!