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Gracias a Duncan MacCocker, el rescate de Djaïllat Koubiac y Brendo Welsh iba como la seda. Hasta que la tienda donde los estaban interrogando salió ardiendo. En primera línea de fuego, Helgaga y sus «yopofus» desenvainaban las espadas para salvar a sus compañeros de armas…

Subida a un nogal, una osamodas vestida como una yopuka dirige un pulgar en el aire hacia un lejano matorral del que sobresale un catalejo. Desde dentro del arbusto aparece un brazo con pelaje castaño y responde a la aventurera escondida con un gesto de la mano, uniendo el dedo índice y el pulgar.

Duncan está en posición, intervendremos cuando haya creado una distracción.

Seis extraños tofus revolotean alrededor de la aventurera. En sus cabezas de píos lucen crestas rojas, al más puro estilo yopuka.

—Un segundo… ¿Dónde está Faya? —pregunta su dueña.

Helgaga vuelve a contar a sus pequeños: 1… 2… 3… 4… 5… 6. ¡Sí, falta uno! Una, para ser exactos. Una de las aves sale de la fila para revolotear en la cara de la osamodas, piando y señalando el arbusto a lo lejos.

—¡Porras! Ha seguido a Duncan, ¡es que esta no puede estarse quieta! Espero que el resto os portéis mejor… ¡Pasemos al plan! Fase 1: entramos, encontramos a los rehenes y los ponemos a salvo. Chicas: Foyo, Fiyi, Feye y Fuyu, vosotras cuatro os ocuparéis de Djaïllat. Piotr y Jasper, chicos: vosotros dos os ocuparéis de Brendo.

Los yopofus asienten con mirada decidida.

Fase 2: si no nos tienden una emboscada, nos largamos enseguida. Si encontramos resistencia, recurrimos a nuestra jugada secreta.

Helgaga y su pandilla voladora ven como Djaïllat es llevado por dos milicianos a la tienda que está más cerca de ellos. Después, Brendo sale de ella escoltada y es conducida hasta la tienda del medio. Dos tipos vestidos de blanco aparecen delante de la tercera tienda, al fondo.

Comfor Delaya, del Comité de la Magia, y el padre Nynio, de la Inquisición. ¡Vaya parejita!

Los dos hombres no tardan en seguir a Brendo. Al poco rato, el tono sube dentro de la tienda y los dos milicianos de guardia entran también en ella.

—Puñetas… ¿Qué estará haciendo Duncan?

Helgaga baja del árbol y avanza rápida y furtivamente, seguida de cerca por su comando de yopofus. La osamodas se para en seco cuando ve, a unos kámetros de ella, al cánido manitas saliendo a toda prisa de la tienda del fondo. Duncan agarra con fuerza a Faya. Le dice algo y… la lanza rodando dentro de la tienda donde están Brendo y los demás, ¡como si fuera una bomba! Helgaga no entiende nada, y una niebla blanca y espesa comienza a salir del interior. ¡Es hora de pasar a la acción!

—¡Adelante, mis caballeros alados! ¡Ya sabéis qué tenéis que hacer!

Avanzan juntos hasta la entrada de la tienda. Foyo, Fiyi, Feye y Fuyu se separan del resto del grupo para entrar en la tienda donde Djaïllat se encuentra prisionero. Helgaga mira hacia atrás, guiña un ojo a Duncan, que se encuentra cerca, y se cubre la cara con un pañuelo rojo.

Luego, desenvaina su espada de yopuka y desaparece en la bruma.

*****

Hay humo blanco por todos lados. Oye el zumbido de las alas de Piotr y Jasper a su espalda. De repente, un ave pasa a todo trapo por delante de ella, propulsada por el chorro de humo que le sale del trasero: «¡Faya!», grita sobresaltada su dueña.

—¿Quién anda ahí? —pronuncia una voz femenina que Helgaga no conoce.

—¡Ja, ja, ja! ¡Es Helgaga! ¡Os va a patear vuestro trasero de estúpidos!

Quien ha hablado es Brendo. Enseguida, Piotr y Jasper se dirigen hacia el lugar del que procede su voz.

—¡Ah, sois vosotros, cariñitos! Me habéis asustado… Ah, vale, que me lleváis volando. ¡Parece que aquel régimen valió la pen…aaaaa!

La voz de Brendo se aleja y sale de la tienda.

De repente, se oye un crujido. Luego, otro. ¡Y Faya vuelve a pasar por delante de Helgaga propulsada por unas llamas violetas! «¡¡¡¡¡¡¡AiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiAAAAAH!!!!!!».

Con la velocidad del rayo, la osamodas descubre la mirada furibunda del padre Nynio, protegido por dos milicianos armados con lanzas.

—Matadla.

Las hojas de los milicianos cortan la bruma y chocan con fuerza contra la espada de Helgaga. Ella sola consigue rechazar a los atacantes; a uno lo golpea en el hígado, mientras que al otro lo deja fuera de combate momentáneamente.

La tienda se ilumina… devorada por las llamas violetas que brotan del trasero de Faya. Por fin, el ave deja de dar vueltas y cae, consumida e inconsciente. Helgaga rueda hacia un lado y, con una rodilla en el suelo, la agarra antes de que toque el suelo. Uno de los milicianos se abalanza con rabia hacia la osamodas, apuntando su lanza al corazón de la aventurera. Ella esquiva el ataque con un movimiento de su espada, pero el segundo miliciano aprovecha para hundir su arma en el indefenso flanco derecho de la osamodas.

¡Aaaargh!

Con Faya todavía en la mano, Helgaga suelta la espada para sacarse la hoja que tiene clavada por encima de la cadera. Después se precipita hacia la salida. El calor es asfixiante. Un individuo tocado con una peluca blanca, algo girada debido a la agitación, le bloquea el paso. Helgaga jadea. Su mirada es la misma que la de una bestia herida, dispuesta a hacer lo que sea necesario para abrirse camino. Comfor Delaya le dirige un movimiento afirmativo con la cabeza. Después se aparta de su camino.

—¡Idiota! ¡¡Deténgala!! —grita el padre Nynio.

—La barbarie quizá sea un privilegio de la Inquisición, pero no lo es en absoluto del Comité de la Magia.

—Idiota…

El oscuro predicador se apodera de la pica ensangrentada y se dispone a perseguir a la osamodas, pero las dos agentes de la DGSD se lo impiden.

—¡Quieto ahí! —ordena la feca amenazando al padre Nynio con su bastón.

—¡O te flagelamos la mejilla que prefieras! —añade la osamodas chasqueando su látigo.

El padre Nynio suelta el arma, levanta los brazos y se da la vuelta despacio. Luego, lanza de repente un hechizo de ceguera y huye, mientras las agentes, los milicianos y Comfor Delaya se quedan temporalmente ciegos en medio de la tienda en llamas…

Continuará…

¡La Llegada de los Pergamigromantes ya está en DOFUS!