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¡Hooooola, peluditos míos! Nos volvemos a ver en un nuevo episodio de La Rueda del destino. Y como dice el famoso proverbio yopuka: ¡«La rueda va a rodar»! ¿En qué peculiar félido se parará esta vez...? ¿Quién nos obsequiará con una de sus historias totalmente inéditas? ¡Vamos allá, mi Peki Pekiiii! Yyyyyy... ¡es Calypso di Mettronome! ¿Crees que lo sabes todo sobre la vidente tuerta? ¡Pues ya lo veremos! (¡Jo, jo, ¡que me troncho!)

En aquella época, Calypso se iniciaba en el tan preciado mundillo de los viajes astrales. Había aprendido con los más grandes. Su mayor sueño era conocer al Mago de Zo, su ídolo, al igual que el de muchos otros jóvenes aprendices de mago y viajeros astrales.

Un día, cuando creía poseer ya los conocimientos necesarios, Calypso decidió atravesar del todo el plano astral para acceder al Inglorium. Un proyecto ambicioso movido por el deseo de conocer mejor a su dios: ¡yo! ¿Que por qué quería conocerme? ¿Cómo te atreves a hacer esa pregunta? ¿¡Quién no soñaría con hacerlo!? ¡Vengaaaa, que es broma!

En realidad, no tengo ni idea de por qué. ¡Supongo que la chiquilla quería una dedicatoria para fardar con sus amigos! Los jóvenes viajeros astrales pueden ser bastante impetuosos y a menudo están dispuestos a arriesgar su vida con tal de pasar a la historia.

El caso es que para, lograr su objetivo, la zurcarák debía pasar por el plano astral primero. Una parada indispensable antes de emprender un viaje un poco más, digamos... fatigoso. Para maestros como el Mago de Zo, que domina los viajes a través del Krosmoz, era una expedición rutinaria. Pero para una novata como Calypso no era tarea fácil. Es una experiencia que exige concentración y que puede resultar dolorosa, además de estar llena de imprevistos...

Para conseguir separar su envoltura astral de su cuerpo, la zurcarák necesitaba un lugar tranquilo, protegido del ajetreo bontariano. Por lo general, iba a lo profundo de un bosque o a la cima de una montaña. Con los ojos cerrados, inspiraba profundamente y centraba toda su atención en el lugar que deseaba visitar. Aquella vez, le hizo falta menos de un minuto para sentirse envuelta por esa sensación de ligereza. Esbozó una sonrisa. Hay que decir que Calypso tenía motivos para sentirse satisfecha. Aún recordaba sus primeras veces. Las náuseas se apoderaban de ella o su envoltura se negaba radicalmente a dejar su cuerpo. Pero aquellos mareos ya no eran más que un mal recuerdo. Su progreso era el resultado del trabajo duro y de una tenacidad incomparable. Son pocos los que, a su edad, consiguen acceder al plano astral sin dejar atrás una parte de su alma. Calypso estaba profundamente orgullosa de sí misma.

Pero aunque la zurcarák dominaba cada vez mejor sus excursiones a través de los planos, a veces todavía cometía errores...

«¡ZzzwwwoooOOOM!»

...

Frente a ella, una vasta extensión negra, pegajosa. Hacía un calor insoportable. No había pasado ni un minuto y ya tenía la piel húmeda. Un silencio ensordecedor le resonaba en los oídos, como si los tuviera taponados. Calypso no entendía nada.

Oiga... ¿Hay alguien?

El eco de su voz se perdió a lo lejos. Muy lejos. Ese espacio lúgubre le parecía una gigantesca masa negra que la envolvía. Sentía que se asfixiaba... Notaba un fuerte olor a azufre.

Pssst...

Calypso se giró de golpe. No lo había soñado, alguien acababa de llamarla. Y sin embargo, estaba más sola que nunca.

No intentes buscarme, no me verás. No estoy aquí. —dijo una voz ronca que dejaba adivinar una cierta edad.

La zurcarák hizo una mueca dubitativa.

Bueno... Sí estoy aquí, pero... En fin. No estoy «físicamente» aquí.
¿Quién eres? ¿Y dónde estoy? ¿Por qué está tan oscuro aquí y...? —la voz de Calypso era pura angustia.
Bueeeeno, tranquilidad, tranquilidad... Vamos por partes.
No reconozco este lugar, no es el plano astral... Por mucho que no sea una experta, no se le parece nada...
Eh, bueno... A ver, a ver... Ehh... ¿Cómo te lo digo sin que te entre el pánico? —murmuraba para sus adentros esa voz que, sin duda, era la de un anciano.
Ya no te oigo, ¿sigues ahí?
¡Sí, sí! —respondió la voz, un poco más alto.
Me he perdido... ¿Verdad?
No te voy a mentir, el plano astral es un poco más hospitalario que esto. Si te soy totalmente sincero, la situación es un poco preocupante... Pero no te preocupes, ¡estoy aquí para guiarte!
¿Preocupante? ¿¿Por qué?? ¿¡Vas a decirme de una vez dónde estoy!?
Primero, tienes que escucharme atentamente y seguir mis indicaciones al pie de la letra. No importa dónde estás, Calypso, la prioridad ahora es que salgas de aquí lo antes posible.
¿Cómo sabes mi nomb...?

Se oyó retumbar un rugido atronador. Calypso se tapó los oído con las manos para intentar amortiguar el dolor que le atravesaba los tímpanos. Entonces, lo comprendió.

La fab'hugruta... No me digas que... ¡Por los doce dioses, he aterrizado en la fab'hugruta! Estoy jod...
Hmm... No exactamente. Digamos que estás en la frontera.
¿Ah sí? Bueno, ¿entonces no pasa nada...?
No, sigues estando en un buen lío aún así.
¡¡QUÉ HORROR!!
¡Cálmate! Has tenido suerte de que detectara tu señal cuando me marchaba del plano astral. Solo tienes que hacer al pie de la letra lo que te voy a decir y todo irá bien.

El suelo empezó a temblar, seguido de una intensa ola de calor que lo invadió todo recorriendo como una lengua la espalda de Calypso. Un escalofrío le subió por el espinazo y la zurcarák se giró. A lo lejos, vislumbró una luz rojiza. Como el halo de una gigantesca llama. El aura luminosa crecía a simple vista. En ese momento estaba claro: «algo» se acercaba... Otro grito, más potente aún, proyectó una intensa ráfaga caliente hasta Calypso, tan fuerte que la desequilibró.

Un demonio... —murmuró la zurcarák, con la mandíbula abierta.
Un demonio de las horas, para ser más exactos. ¿Entiendes ahora la gravedad de la situación? Así que vas a mantener la calma, a respirar profundamente y...

Un tercer rugido retumbó acompañado de una deflagración tal que, de pronto, Calypso solo oía un pitido estridente y continuo. La fuente calor triplicó su volumen y parecía incendiarlo todo. De repente, la silueta del demonio Mediodía apareció por detrás de un haz de fuego negruzco de diez kámetros de altura.

¡¡¡HUYE!!!

La envoltura astral de Calypso se propulsó a toda velocidad. Tras ella, cada paso del demonio aproximándose le parecía el retumbar de un trueno. De pronto, una voz cavernosa y socarrona se dirigió a ella.

¿QUÉ PASA, GUAPA...? ¿NOS HEMOS PERDIDO? ¡JA, JA, JA!
¡No le escuches, no dejes que te desestabilice! ¡Corre!
¡Eso hago! ¡Pero no lo consigo! ¡Es como si... como si algo me impidiera avanzar!
¿Cómo es posible? Tienes que... ¡Por los Doce, tu barriga!

Calypso miró hacia abajo. Una liana de un negro llameante le rodeaba la cintura. El otro extremo estaba firmemente agarrado por Mediodía, a unas decenas de kámetros de ella, con una gran sonrisa sádica dibujada en la cara.

¿TE VAS TAN RÁPIDO? NO HEMOS TENIDO TIEMPO DE CONOCERNOS...

El demonio dio un tirón seco a la liana, haciendo caer de bruces a Calypso, y la arrastró por el suelo hacia él.

¡Nooooo! ¡Suéltame!

Gracias a una suerte insólita, la liana de fuego se rompió en medio de una lluvia de chispas, haciendo caer al demonio también, que se puso a blasfemar como, eh... como un demonio. Con el impacto, el suelo se resquebrajó y se abrió una gran grieta que separó el suelo en dos, como una banquisa frigosteña. Empezó a formarse una sima llena de lava. Tirada en medio de la trayectoria de la grieta, Calypso fue engullida por la falla. Pero en el último momento logró agarrarse a uno de los bordes del precipicio con una mano, mientras la otra pendía inerte, paralizada ante el abismo.

¡Aguanta! Me es imposible llegar a tiempo para socorrerte, pero desde aquí veo las rugosidades de la roca. ¡Puedo guiarte! —la animó el anciano.
¡Rápido, noto que me estoy escurriendo!
A la izquierda, un poco por encima de la rodilla, hay una pequeña concavidad. Apoya el pie ahí para subir a la superficie. No pierdas tiempo, ¡estoy viendo a Mediodía levantarse!

Calypso se esforzaba por levantar el pie, pero no había nada que hacer. El pie izquierdo, quemado por las chispas de la liana incandescente, le dolía muchísimo. No lejos de ella, el demonio se ponía en pie a duras penas, mascullando. La zurcarák decidió jugarse el todo por el todo. Se arriesgó a usar el otro pie, contorsionando el tronco y haciendo peligrar su equilibrio ya precario. Con un último esfuerzo, se empujó con la pierna, apoyando todo el peso de su cuerpo en la punta del pie dolorido, consiguió darse la vuelta y caer con la espalda en suelo firme.

TERCA... ME GUSTA CUANDO SE ME RESISTEN. ¡LE DA UN TOQUE... EMOCIONANTE!

El demonio avanzó de nuevo con paso decidido hacia Calypso. Sin apenas aliento, a la zurcarák le costaba mucho mantener alejado a su perseguidor. De pronto, se le nubló la visión. Un dolor sordo le atravesó el ojo derecho.

No puede ser... Se ha atrevido a... —murmuró la voz.

El demonio Mediodía. Mediodía, es decir, las 12... El Mago de Zo se acordó. Él lo sabía gracias a uno de sus viajes astrales que le había permitido ver el futuro. Fue a las 12 de «aquel día» cuando Calypso había perdido su ojo. Ella aún no lo sabía. Y tampoco tenía ni idea de lo que el futuro le tenía reservado. Ni lo bueno ni lo malo. Pero él sí... Y lo entendió. Mediodía se había servido de su poder a la hora en la que era guardián para atacar a su presa. Mediante una proeza demoniaca, había logrado jugar con el tiempo y hacer envejecer a Calypso varios años, a una época futura en la que ya no tenía su ojo derecho. Tuerta, la zurcarák vio disminuir enormemente sus probabilidades de sobrevivir...

¿¿Qué pasa?? ¿¡Por qué de pronto no veo casi nada!? ¡Ayúdame, te lo suplico! —se lamentó Calypso.
¡No te dejes llevar por el pánico, por favor! Eso es justo lo que Mediodía quiere. Sigue corriendo, ¡yo te indico por dónde ir!

El anciano se puso a describir la mayor cantidad de elementos posibles para ayudar a la zurcarák a encontrar la salida, pero sobre todo para evitar la infinidad de trampas que proliferaban en aquel lugar gobernado por demonios...

¡A la derecha, cuidado! ¡Un derrumbe de piedras incandescentes!

¡No, por ahí no! ¡Caerías directa en las fauces de Rushu!

¡Estás demasiado cerca de la grieta, muévete un poco hacia la izquierda!

¡Ve con cuidado, la guarida de Djaul está cerca de ahí. ¡No dejes que te ponga las zarpas encima!

Calypso se las apañaba bastante bien a pesar de haberse quedado sin su ojo derecho. Detrás de ella, Mediodía empezaba a resoplar. La ligereza de la envoltura astral de Calypso era sin duda una ventaja, a diferencia de la musculosa y pesada talla del demonio.

Perfecto, sigue así. No estás lejos de la frontera que lleva al plano astral. Noto su presencia... ¡Aguanta, Calypso! Entrarás en la leyenda... Una zurcarák medio ciega que consigue escapar del demonio Mediodía en sus propias tierras. ¡Tienes que admitir que es colosal! ¡Hasta podría ofrecerte un lugar en mi Almanax!

Calypso abrió de par en par el ojo y ralentizó la marcha. No daba crédito a sus oídos.

¿Mago de Zo...? ¿¿Eres tú??
Ah... Sí, ¡perdón! Con tanto lío, no me he parado a presentarme. Pero no te desconcen...

Pero Mediodía había aprovechado ese momento de distracción para alcanzar a la zurcarák. A pocos kámetros de ella, desplegó su siniestra gorguera y proyectó sus rayos hacia donde estaba Calypso fundiendo el suelo bajo sus pies, que se transformó en una pasta fuliginosa y pegajosa. Calypso estaba atrapada. Empezó a hundirse como si fueran arenas movedizas... Al girarse, se encontró cara a cara con un demonio de una envergadura imponente. Estaba ahí, delante de ella, estático, como una muñeca de cera de sonrisa macabra.

Esta vez me ha llegado la hora... —gimió la zurcarák.
¿Tu hora? Hmm… Lo dudo. En cambio, es muy posible que sea el fin de Mediodía...

Calypso no entendía nada. ¿Qué quería decir el Mago de Zo? ¿Le parecía buen momento para adivinanzas? Sin que la zucarák entendiera por qué, el anciano empezó una cuenta atrás.

10, 9, 8...
¿Te has vuelto loco? ¿Un demonio sádico está a punto de devorarme cruda y te pones a hacer la cuenta atrás?
7, 6, 5, 4...
¿¿Pero se puede saber qué te pasa?? ¿Estás compinchado con él o qué? ¿Esto era una trampa desde el principio? ¿Eso es lo que quieres decir?
3, 2, 1... ¡CHAO, CHAO, MEDIODÍA!

En ese instante, el demonio se volatilizó, dejando tras de sí un olor nauseabundo y metálico. En el aire, una densa humareda grisácea flotaba en el lugar donde se encontraba pocos segundos antes.

¿Cómo... ¿Pero qué...?

Calypso estaba atónita. No acababa de comprender qué pasaba. El suelo volvía a ser practicable, la cintura ya no le dolía, las quemaduras del tobillo habían desaparecido, pero lo que la sorprendió antes que nada fue su vista. Había vuelto. Intacta.

Conoces el principio de los demonios de las horas, Calypso, ¿verdad?

La zurcarák se quedó muda.

¡Ja, ja, ja! Querida, lo que acabas de vivir es lo que llamamos «gajes del oficio»... Dentro de lo malo, has tenido la suerte de toparte con un demonio de las horas. ¡Imagínate si llega a perseguirte un fab'huritu con toda la vida por delante! ¡Te aseguro que la historia no habría acabado igual!

No lo entiendo... Se... ¿Se ha ido? ¿De... de verdad?
¡Digamos más bien que se ha cumplido su tiempo ! ¡Y lo ha sabido aprovechar, eso no se puede negar! En mi opinión, ahora mismo Mediodía debe de estar comiéndose una bronca de Xelor en persona. Dicho esto, si fuera tú me daría prisa en salir por patas de aquí, antes de que XIII tome el relevo...

Frente a Calypso, una línea horizontal luminiscente marcaba la frontera que llevaba al plano astral. Sin pensárselo dos veces, se lanzó hacia ella.

¿Era la primera vez que oías esta historia? ¿Tal vez la propia Calypso tampoco llegara nunca a conocerla...? ¿Tal vez me pareciera preferible que la información divulgada aquel día por los actos de Mediodía y el encuentro con el Mago de Zo quedase borrada de la memoria de nuestra zucarák...? Para siempre...

Sea uno vidente o no, a veces es necesario, por no decir vital, cerrar los ojos a ciertos sucesos por venir... ¿no?