FR EN ES PT
Melón Mask, druida hipermago con aprobado raspado, aún no te ha demostrado toda la potencia de su horno mikrosmondas. Después de los fab'huritus, es hora de que los demonios de las horas vuelvan calentitos a casa (horno, calentitos… ¿lo pillas? Es una microbroma, je, je). ¡Vamos con el segundo episodio de 30 segundos al mikrosmondas!

Paz y felicidad, joven energúmeno.

Soy Melón Mask, druida hipermago cateado al final de la promoción.

¡Pues sí! Estuve a unas décimas de conseguir el título… «¡Bah!», como dicen… bueno, como no dice casi nadie, en realidad.

Desde entonces hago experimentos por mi cuenta… con relativa indiferencia. (Lluvia y violines)

Pero no me quejaré, porque he conseguido crear el invento del mañana: ¡el horno mikrosmondas!

Un horno que, en cuanto pita… (misteriosamente inquietante) ¡abre un portal a una dimensión demoníaca! ¡MUAJAJAJAJA! (Silencio)

Es broma, je, je, je.

(Veloz) Mi máquina estudia cualquier objeto que metas en ella y va reformulando su análisis en un lenguaje popular, a veces incluso demasiado, que ahora mismo te enseño.

Estás de suerte, porque tengo dotes como narrador («¡clin!» mientras guiña un ojo).

¿Me pasas eso?… (Abre la puerta del horno mikrosmondas)

Crees que es un simple reloj de bolsillo, ¿eh? (Lo pone en el horno)

Pues sí. (Silencio) (Cierra la puerta del aparato.)

Pero si configuro el horno girando en el sentido de las agujas del reloj («pi, pi» del mikrosmondas) y aplico el filtro «actividad demónica» —en una palabra, «demónica»— el mikrosmondas me enumera todo cuanto debo saber de los secuaces de Xelor a los que conocemos como los demonios de las horas.(Música épica creciente seguida de un silencio)

¡¿Cómo que «cómo»?!…

Pues… ¡por arte de magia!

… ¡Ja, ja!, «¿cómo?», dice…

¿De qué planeta vienes, amigo mío?

Anda…

(Lánguidamente) *Que se caldee el espectáculo*

(¡Pi! Seguido del sonido del mikrosmondas al girar.)

Para contar el paso del tiempo en el Mundo de los Doce, el dios Xelor creó el Reloj de Xelor.

Sí: los inventores tardan bien poco en ponerles su nombre a sus inventos. Fíjate que yo no lo he hecho… La próxima vez lo tendré en cuenta…

Como Xelor es, digamos, «un pelín quisquilloso», por no decir «ultraintransigente», empezó a vigilar todas las horas, pero al poco tiempo se dio cuenta de que no le daba tiempo, valga la redundancia.

¡Ja, ja! ¿No te parece el colmo?, ¿que le falte tiempo a Xelor?

(Silencio)

Ya veo que hoy tenemos un público difícil...

Xelor decidió entonces asignarles a los demonios de las horas la tarea de vigilar cada una de las horas del día.

Y ahora me preguntarás: «¿Y de dónde sacó 24 demonios?».

Pues adivina de dónde: ¡de la Fab'hugruta! ¿Donde reina quién?… ¡Rushu! Exacto. ¿No?

(Realista) Veo que no has visto el episodio anterior. De acuerdo.

También te digo que vivir en la Fab'hugruta al mando de Rushu no es algo precisamente envidiable, ni siquiera para un demonio. Así que, cuando Xelor les propuso una vía de escape, los 24 demonios tardaron menos en aceptarla que un puerkazo en tirarse a una charca.

Podría haber usado una imagen aún peor.

Xelor los bautizó utilizando un curioso sistema de números ordinales: III, IV, VI, XIII, XVI, XIX...

No sé si los digo bien. ¿Será algún tipo de lenguaje demoníaco o específico de Xelor?… «Decimosexto, vigesimosegundo…», ¡qué trabajoso! ¿Te imaginas que la familia Kakashian les hubiera puesto los nombres así a sus hijas? ¡No sé yo si hubieran tenido tanto éxito!

(Discretamente) Los Kakashian. ¿No sabes quiénes son? La familia esa de yopukas ricachones de Bonta que financian un diario en el que cuentan cada segundo de su kakashiana vida. ¡En fin!

Aunque están atrapados en el Horamundo, una dimensión ajena incluso al tiempo, los demonios de las horas pueden hacer lo que les plazca durante la hora que tienen asignada.

Ya te imaginarás la jugada… Puede que Xelor sea intransigente, pero no es que sea un experto en psicología demoníaca… ¿Y esa risilla? Ah, sí, por el «de Mónica»…

Un día, X, o el demonio de la décima hora, por si no hablas xeloriano, decidió matar el aburrimiento haciendo molinetes con su mangual y acabó rasgando la trama del tiempo.

Se le fue la bola… nunca mejor dicho.

Pero este pequeño despiste fue solo el principio. La brecha que se creó se tragó a un aventurero del Mundo de los Doce y lo llevó al Horamundo. Y a Medianoche se le ocurrió que los demonios de las horas podrían raptar a montones de doceros. ¿Para qué? Para verlos luchar en las arenas. Sí, la cosa no tardó en írseles de las manos.

(Entusiasta) ¡Adiós aburrimiento! Además, para los demonios de las horas es una buena forma de solucionar sus diferencias. Para saber quién tiene razón, ¡nada como enfrentar en combate a tus esclavos!

¿Qué?... ¡No los juzgues! Se estaban muriendo de aburrimiento… Tu habrías hecho lo mismo, seguramente.

O algo peor. Que te conozco... ¡Tú los habrías vestido a tu antojo, les habrías cambiado el nombre, los colores, el género, como si fueran tus personajes! ¿Hmmm? ¡Ay, monstruito!

Ni cortos ni perezosos, los demonios de las horas se fueron organizando hasta que aquello se convirtió en el fiestón del Horamundo. Hasta roban parcelas del Mundo de los Doce para que su dimensión sea más acogedora.

Luego los demonios de las horas emplearon a los demonios de los minutos y a los de los segundos, e incluso a los llamados entrenadores, que son antiguos doceros que demostraron su valía en la arena y que reniegan de sus dioses y sirven a los demonios de las horas.

Algunos dicen incluso que a los demonios de las horas sus subordinados les hacen la manicura francesa, pero dudo que hayan llegado tan lejos.

Se convirtieron en una auténtica banda organizada. No había quien los metiera en vereda. Mientras que los entrenadores preparaban a equipos de gladiadores, algunos demonios de las horas contaban con redes de bandidos dentro del Mundo de los Doce que llevaban a algunos aventureros al Horamundo para convertirlos en luchadores en la arena.

Y al final todo se termina sabiendo. Cuando apareció Xelor, preguntó tranquilamente:

(Voz gutural) «PERO ¿QUÉ DEMONIOS…?»

Contra todo pronóstico, cuando se disponía a darles una buena zurra a los demonios, el dios del tiempo se quedó pasmado con el espectáculo que tenía ante sus ojos.

Tanto es así que decidió no castigar a los demonios siempre y cuando estos repararan inmediatamente la trama del tiempo. A cambio, les ordenó abrir sus arenas a quien lo deseara, permitiendo así que los aventureros del Mundo de los Doce perpetúen el espíritu caballeresco en arenas concebidas específicamente para ello.

 

(¡Ding!)

¿Y bien? ¿No es impresionante mi mikrosmondas?

¿Qué estás haciendo…?

No pongas tu dedazo pulgar azul encima, por favor. ¡Que no, que no, no insistas!

Venga, ¡largo! Ya volverás cuando tengas más preguntas…

(Reparo) ¿Cómo que no me habías preguntado nada?…



Puedes encontrar la versión original en audio de esta historia aquí: