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Como recordarás, habíamos dejado a nuestro curtido inspector en un cara a cara con Felín Vión en los baños del Zurcaesars Palace. Hoy, Saul Greyjak vuelve. O mejor dicho, se marcha, decidido a disfrutar de unos días de descanso lejos de las abarrotadas calles y los feos asuntos de Zurcarák City...

Había descartado definitivamente la idea de retirarme. Muchos antes que yo lo habían intentado ya. La mayoría había acabado con depresión y una suscripción indefinida al psicólogo del DPZC (Departamento de Policía de Zurcarák City) . No, gracias. Tenía que rendirme ante la evidencia: mi trabajo me acompañaría hasta el fin de mis días. Así que en lugar de resistirme, decidí irme de escapadita unos días. Por primera vez en toda mi carrera.

La última vez que había dejado Zurcarák City fue para unas vacaciones de duración indefinida con todos los gastos pagados por el propio departamento. Mis superiores consideraron indispensable apartarme durante una temporada después de haber rozado el abuso.

Tras el caso de Felín, necesitaba cambiar de aires. Un cara a cara con mi reflejo frente al espejo me había bastado para comprender que me urgía tomar un poco el sol y cambiar el ambiente pegajoso y sofocante de la ciudad por la tranquilidad de las playas de arena fina.

La isla de Moon era el destino perfecto. Me puse la única camisa colorida que tenía en el armario, llené el baúl de mi moto de cuadernos de crucigramas y crema solar, y me eché a la carretera, con el wabbit de mi motor más rabioso que nunca.

A mitad de ruta, decidí dar un pequeño rodeo para ir a uno de los restaurantes de Waldo Nald, donde tienen las mejores patatas fritas de girasol salvaje de la región. Detrás del mostrador, una bonita zurcarák de pelaje rubio ceniza servía a un tipo apoyado con ambos codos sobre la barra: saltaba a la vista que estaba pagando un precio muy caro por una noche muy larga. Al otro extremo, un uginak chasqueaba vehementemente los dedos para llamar a la camarera.

—¿Hay que enviar una carta certificada para que te sirvan aquí o qué? —gruñó sin dignarse siquiera a mirarla.

La zurcarák, que le lanzaba miradas de reojo desde hacía varios minutos ya, no parecía tener la mínima intención de contentar a su cliente. Decidí sentarme cerca del «desecho humano», dispuesto a reaccionar si las cosas se salían de tono entre el chucho y la guapa camarera.

—¿Qué es lo que desea? —me preguntó ella mientras lanzaba un trozo de manteca de jalató en una sartén.

Su encanto inicial se evaporó al instante en cuanto oí su voz cascada y su acento de la zona. Unos minutos después de haber tomado la comanda, me colocó delante un café bien cargado y una ración generosa de patatas fritas en un plato con un dibujo de una escena campestre de jalatós paciendo en una pradera. Devoré ávidamente las patatas: hacían honor a su fama. Crujientes a más no poder. Mientras hacía deslizar todo por mi garganta con la ayuda de un generoso sorbo de cafeína, agité la mano para pedirle a la zurcarák que se acercase. Ella se secó las patas con el delantal que llevaba atado a la cintura y se inclinó hacia mí.

—¿Desea algo más?

Me acerqué lentamente hacia ella con la cabeza y, mirando el dirección al uginak, le pregunté discretamente:

—¿Qué ha pasado entre el perrito y usted? El ambiente está un poco peliagudo, ¿me equivoco?

—Hay problemas.

—¿Qué quiere decir?

—Quiero decir que él y todos los de su especie han literalmente SAQUEADO TODAS LAS CROQUETAS DE LOS ESTANTES DEL MUNDO DE LOS DOCE —respondió ella levantando la voz deliberadamente mientras le lanzaba una mirada asesina al uginak.

—¿Te refieres a las croquetas que tú y los tuyos os habéis zampado como carroñeros sin dejar una migaja? —ladró a su vez el chucho sin levantar el hocico de su periódico.

La zurcarák entró inmediatamente en cólera. Los dos empezaron a lanzarse las peores injurias el uno al otro. Entre todo aquel griterío, se oía de puestos de croquetas arrasados, de clanes de uginaks y zurcaráks atacándose unos a otros, acusándose mutuamente de ser los culpables.

Otro sorbo de café. Más amargo. No había manera de estar en paz. Incluso en la otra punta de Zurcarák City, los doceros se empeñaban en sacarse las malas pupulgas. Detrás de mí, el tintineo de la campanilla de la puerta cortó la discusión de golpe. Calma chicha. Ambos se giraron hacia la entrada y se quedaron mirando a la persona que se encontraba a mi espalda.

Señoras, señores...

Aquella voz. Me transportó a quince primaveras atrás. Me giré, incrédulo.

—¡Lary Blösh!

—¡Saul Greyjak, nos volvemos a ver!

—¿¿Qué haces aquí, viejo perro??

—¡Lo mismo que tú, micho mío! ¡Vengo a llenar la barriga con las mejores patatas fritas de girasol salvaje de la región! ¡Ja, ja, ja!

Intercambiamos abrazos calurosos y sinceros. Lary era un veterano del DPZC. Me lo había enseñado todo sobre el oficio, empezando por la lealtad. Era uno de esos policías de moral inflexible que se contaban con las almohadillas de una pata.

—Qué, ¿sigues encaramado a la cima de tu colina de crujidores?

—¡Quien quiera sacarme de allí tendrá que hacerlo por encima de mi cadáver!

—¡Ja, ja, ja! ¡No has cambiado nada, amigo mío! Pero dime a qué has venido realmente.

El rostro de Lary se ensimismó de repente al tiempo que se desvanecía mi sonrisa.

—No has venido solo por las patatas, ¿verdad...?

—Voy a serte franco: no.

—Venga, pon las cartas boca arriba...

—Tengo un caso para ti. Y también es para hincarle el diente. ¿Has oído hablar del escándalo de las croquetas?

—Tengo la impresión de que sí —dije yo girándome hacia la camarera, que secaba frenéticamente un vaso que ya llevaba tiempo seco.

—El asunto está sembrando cizaña por todas partes desde hace ya varios días. Ni en los mercados, ni en las tiendas selectas, ni siquiera en los mayoristas: no queda ni una croqueta a la vista. Un golpe duro tanto para los tuyos como para los míos. El tema está calentito.

—Sabes igual que yo que no nos hace falta algo así para hacernos la zancadilla unos a otros... —le dije pasándome la servilleta por las comisuras del hocico.

—Esta vez es diferente, Saul. Estamos a esto de una guerra civil.

—¡Siempre te ha gustado exagerar, viejo canalla!

 La expresión grave de Lary empezaba a asustarme.

—Me enteré de que estabas descansando unos días por la zona, así que...

—Así que pensaste que sería la ocasión perfecta para endiñarme un caso nuevo, ¿verdad? —lo interrumpí yo con tono amargo.

—Ahhhh, porfa, Saul... ¡Eres un as en esto! ¡Y eres el único al que podría encargarle el caso! Ya sabes... con los polis jóvenes de hoy en día no es lo mismo. Se implican menos.

Suspiré profundamente mientras jugaba con las patillas de mis gafas de sol, cuyas lentes multicolores despedían un reflejo psicodélico. A Lary daba pena verlo. El tiempo y los casos sórdidos que habían caracterizado su larga carrera lo habían dejado marcado de por vida. Su rostro surcado por las arrugas era testigo. Dejarle en la estacada era sencillamente inconcebible.

—¿No te enfadas si no llevo el uniforme reglamentario? — le dije tras vacilar durante un largo minuto.

Lary me sonrió cariñosamente.

—Nunca has estado más guapo, mi querido Saul. Y en cubierto estás inmejorable.

Tras darme todos los detalles del caso y devorar dos platos de patatas fritas, Lary pagó la cuenta y me acompañó hasta mi bólido. Montado en mis dos ruedas, tenía la desagradable sensación de que la realidad de esta vida perra siempre acababa por alcanzarme. 

—Después de esto, te prometo que te invitaré a unas vacaciones que ni te imaginas, mi querido Saul.

—Hazme el favor, llévame a otra dimensión. Donde tenga la garantía de que no vendrás a buscarme con una historieta de escasez de chucherías.

—Confía en mi olfato, Saul, esta historia de las croquetas es mucho más compleja e importante de lo que parece. Lo presiento…

Tras un último viril abrazo, arranqué a toda velocidad, dejando detrás de mí al imponente y viejo perro en medio de una nubareda de polvo.

Descansaré cuando esté en Externam.

Y así es como el bueno de nuestro Saul se encontró al frente de un nuevo caso... ¿Qué descubrirá al acabar su investigación? ¡Lo sabrás leyendo las próximas entregas de sus aventuras!