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En febrero, los doceros ven el cielo gris y ¡la vida de color de rosa! Desde siempre, mucho antes de celebrar San Valentón, los enamorados se han dado besitos a escondidas y las fervientes declaraciones de amor han acelerado el calentamiento global. ¡La «culpa» la tiene ese pillín de Duf! Y volviendo al dramático idilio entre Rykke y Helsefina...

El Mundo de los Doce a menudo se aprecia como hostil y lleno de peligros... Como un lugar en el que uno arriesga su vida con cada paso que da. Sin embargo, ¡también es un mundo lleno de amor! Tendemos a olvidar que bajo ese set que les permite encajar mejor los golpes, ¡hasta los guerreros más curtidos tienen un corazoncito! Para él, por el contrario, no existe ninguna armadura lo suficientemente sólida...

Ya sea una pasión de una noche, un flirteo, un amorío de unos días, un flechazo o una historia sólida como el cráneo de Yopuka, Duf es el responsable de todo el amor del Krosmoz. Aprovecharemos que se acerca San Valentón para hacer un repaso por las más importantes, más hermosas y, por qué no, más tristes historias de amor.
 

La de Rykke Errel y Helsefina confirma el adagio que dice que las historias de amor terminan mal, en general... Joven, seductor, valiente y de buena familia, Rykke era un auténtico modelo para todos yopukas de su generación. Incluso su mayor rival, el terrorífico dragón Bolgrot, acabó convirtiéndose en su amigo debido a todo el respeto que le inspiraba el guerrero. Sin embargo, un día, el joven docero conoció a alguien que conmocionaría irremediablemente esta amistad de apariencia inquebrantable. La bella Helsefina iba a ser, muy a su pesar, la fuente de muchísimos males...
 

Orgulloso y feliz de presentarle a su amada a su amigo, Rykke ignoraba que estaba a punto de firmar su sentencia de muerte. En un arrebato de rabia, y probablemente por celos, el dragón mató a Helsefina. Lleno de pena y de rabia, Rykke consagró todo su tiempo a perseguir a la criatura. Hasta el día en que dio con ella... Ese día, los dos antiguos mejores amigos se enzarzaron en un encarnizado combate.

Aunque el aventurero resultó vencedor, sucumbió a pesar de todo a la herida mortal que Bolgrot le infligió.
 

De este trágico «triángulo amoroso» se saca la siguiente moraleja: ¡es mejor no llevarle la contraria a un dragón! O ni hacerse amigo de uno...