Si sigues navegando por este sitio web o haces clic en la cruz, aceptas el uso de cookies para la realización de estadísticas de visitas y para proponerte vídeos, botones de compartir, publicidad personalizada y un servicio de chat. Para más información y parametrar las cookies X

FR EN DE ES IT PT

Ben el Ripata, elegido pirata más sexi del año por Glamourjillón Magazine, levanta pasiones. Lo adulen o lo teman, su personalidad de doble filo (como su hoja) despierta la curiosidad. Hoy, se sincera en exclusiva ofreciéndonos un testimonio conmovedor sobre la vida de un pirata que no siempre ha navegado por aguas tranquilas…

En la penumbra se puede adivinar su imponente silueta. Aunque ya no es más que la sombra de lo que fue, Ben el Ripata aún tiene mucha guerra que dar. Este viejo milubo marino nos ha concedido una entrevista única. Lo encontramos en ectoplasma y hueso en la bodega de su barco, donde pasa sus días, listo para dar una cálida bienvenida a los hipotéticos visitantes deseosos por saciar su sed de curiosidad…
 

—Hola, Ben. Gracias por recibirnos hoy para…

—¡Por un raúl mops mal arponeado! Ni siquiera muerto puede uno estar tranquilo. Ponte cómodo, ¡pero no toques mi ron!

—De acuerdo… Me siento aquí, sobre este… eh… este cráneo de… de una de tus víctimas, sin duda.

—No, es Tentaculín. Mi mascota pulp. No he podido llegar a enterrarlo… ¡Se puede ser pirata y tener corazón, eh!

Ben el Ripata se echa a llorar ante la mirada incómoda de su «invitado».
 

—Claro que sí… Ben, cuéntanos cuál es el mejor recuerdo que tiene el pirata más grande del Mundo de los Doce.

—Una vez ayudé al Sea Chafer a salvar a Kidibom, la ballena de los mini nuits. Es la única vez que he llorado en mi vida. Esa y cuando perdí a Tentaculín…

Ben el Ripata reprime un nuevo sollozo y se suena ruidosamente la nariz con la bandera pirata que le sirve de ropa.
 

—Ya, eh… Hablemos del trágico episodio del motín que sufriste mar adentro, frente a las costas frigosteñas. Acababas de saquear uno de los navíos del conde Kontatrás, ¿verdad? ¿Cómo se llamaba?

—¿El maldito Perla Kontatrás? ¡Ni me hables de él! ¡Volvió loca a toda mi tripulación! Dicen que fue por culpa de Dethoama, la santa de los motines. Como algún día la atrape…

—Se habla de una disputa acerca del reparto del botín. ¿Es eso cierto?

—¡Pff! Bueeeno, vale. Quizás me quedé con más kamas de la cuenta. ¿Y qué? ¡Aquí el capitán soy yo! Además, conozco a esos despojos de kralamar. ¡Se lo habrían gastado todo en ron! Lo hice por ellos…

—¿Y tú qué hiciste con tu parte, por cierto?

—Yo… yo lo gasté todo en pienso de supercrecimiento para Tentaculín…

Ben el Ripata, con los labios temblorosos y los ojos húmedos, bebe un buen trago de ron.

—Ben, no te preocupes. Estamos seguros de que Tentaculín tuvo una buena vida. Gracias por estas declaraciones… impactantes.
 

En esta entrevista sale a la luz una faceta aún desconocida de Ben el Ripata: la de un hombre de tierno corazón al que, en un arrebato de cariño, tendríamos ganas de llamar «Tentaculín», o algo parecido… En cualquier caso, no es seguro que sea ese aspecto de su personalidad el que te muestre el pirata cuando te cueles en los restos de su barco para buscarle las cosquillas. Si no, compruébalo tú mismo…