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Después de Le Chuko y Ben, el Ripata, un tercer filibustero del Mundo de los Doce hace aparición en esta historia. Menos conocido que sus ilustres predecesores, Gurlo, el Terrible no tiene nada que envidiarles ni en lo épico... ni en lo burlesco. Peculiaridad de este relato: ¡podrías ser TÚ quien redacte el final!

Olía a cerrado y a húmedo. La madera crujía con un ritmo lento y regular. El de las olas. Incluso en la penumbra, el desorden y la suciedad de la habitación era evidente. Las cajas de zamparrón, la mayoría destripadas, se habían convertido en cuartel general de cucharachas y araknas, y las telas de estas cubrían la sentina como si fueran viejas sábanas abandonadas. Apoyado contra un barril, un esqueleto vestido de pirata yacía en el suelo, con una botella vacía en la mano y una amplia sonrisa como si se le hubieran concedido sus últimas voluntades. ¿O quizá se trataba simplemente de un chafer en plena siesta...? Sin previo aviso, su parche se levantó descubriendo a una rata rolliza que se esforzaba por salir del agujero de su órbita. Con un «¡pop!» logró por fin pasar la barriga, recorrió el brazo del muerto y atravesó la habitación, golpeteando el suelo de madera con sus ágiles patitas, para reunirse con un grupo de semejantes que se estaba dando un festín de trigo como si no hubiera un mañana. A diferencia de las cajas de zamparrón, estos generosos sacos de arpillera habían quedado olvidados, para alegría de los roedores. Pero pronto acabaría tan grato momento de distensión...

En el piso superior, se oyó de pronto el retumbar de disparos y gritos de guerra, seguidos de quejidos y cuerpos desplomándose. ¡En el navío se estaba librando una batalla y las alimañas comprendieron que el recreo había llegado a su fin! La mayoría se dispersó de inmediato, otras intentaron llenarse las patas con unos pocos granos más, mientras que nuestro barrigudo roedor se llenaba la boca a patas llenas, hinchándose poco a poco las mejillas como sendos globos. Por fin, acabó huyendo con las demás arrastrando el morro por el suelo, claramente sobrecargado. Se oyó una frenética carrera en las escaleras y, de pronto, la puerta se abrió levantando una nube de polvo. En el marco, se dibujó una silueta armada con dos sables. Dos ojos de un rojo incandescente atravesaron la nube blanca, seguidos de una voz cavernosa que hizo temblar las paredes:

—¡Balbrucias!

—¿Qué farfulla el sombrero con patas?
—Dice que podemos entrar, Flib... y... ¡será una broma! Si Barbrusa es un sombrero con patas, ¿tú qué eres?
—Yo soy un tesooooro con pinreles, perdoneusté —replicó el pequeño pelirrojo escondido en su cofre: solo le sobresalían los pies, su prominente nariz, las pistolas y sus greñas—. Y tú, mi querido Sparo, ¡eres un tonel con zancos! Y los tres somos...
—¡Catástrofes ambulantes! ¡Moved esos cuartos traseros, panda de fascinerosos, u os ensarto yo mismo!

 

El saco de huesos encopetado con un maléfico sombrero, el enano en su cofre y el chafer escondido en su tonel entraron en tromba en la bodega y se volvieron hacia su jefe: un bwork de dos kámetros diez macizos pasaba agachándose en ese momento por el umbral, con dos cuernos sobresaliéndole del sombrero, dos colmillos puntiagudos por encima de su generoso labio inferior, dos ojillos amarillos inyectados en sangre y, sobre todo, un enorme cañón de pólvora a la espalda. Solo por si las moscas. Gurlo, el Terrible acababa de hacerse con el navío del Capitán Flams.

—Vamos a resfugiarnos aquí mientras Boomba, Nakumbra y Cañón dorf hacen la limpieza, ¡arrr!

—¿¡En la bodega!? —espetó Flib, que enseguida se arrepintió y hundió la napia en el cofre al ver la mirada asesina de Gurlo.
—Cuando los sucios cobardes al servicio de Flam hayan casminado por el tablón para darse un baño... cuando esos tristes soldaduchos y su capitán hayan sido pasto de tiburones, ¡yo seré el único maestre y señor de este galeón, arrrr!
—¡Balbrucias! —exultó Barbrusa.
—¡Vamos a poder tumbarnos y recorrer los mares hasta hartarnos! — dijo Sparo extasiado.

El trío calavera se echó a reír a carcajada limpia. Incluso el propio Gurlo esbozaba una especie de sonrisa... No era algo que ocurriese a menudo, y se notaba: el resultado era bastante aterrador. El bwork se inclinó para agarrarse la pata de palo, la desenroscó y le dio la vuelta. La destapó y bebió ávidamente el líquido que contenía. Con la barbilla goteando, Gurlo levantó la pata:

—¡A nuestra salud, bucaneros de agua dulce! ¡Y a la del pueblo bwork, que nunca había logrado proezas piratescas hasta ahora, arrr! ¡Salud!

En ese mismo momento, resonó un disparó y una bala alcanzó el tonel de Sparo.

—¡Pardiez! Argh, esos hijos de Uginak... ¡A las trincheras!

Flib desenfundó sus dos pistolas y disparó hacia la puerta. Sparo se lanzó al suelo y rodó hasta la entrada para cerrarla. Barbrusa pegó un brinco para cortar una cuerda que sostenía un cargamento de sacos de trigo, derribándolos delante de la entrada. Gurlo ya se había resguardado detrás de las cajas y los barriles, con el cañón apuntando hacia la puerta.

—¡Venga, entrad, panda de baldragas! ¡Vamos a pintar las paredes con vuestra sangre!

Un enérgico golpe hizo temblar la puerta. Gurlo se sacó una cerilla de la manga y la encendió rascándola contra el cráneo de Sparo.

—¡Estáis avisados, arrr!

Acercó la cerilla a la mecha del cañón...

 

*****

¡Por todos los Doce! ¡Qué suspense! ¡Pero bueno, no podemos dejarlo así! ¡Qué tortura! 

Por eso te proponemos un concurso de escritura.
 

Reglas

  • Inventa y escribe el final de esta historia en 100 palabras como máximo.
  • Cuando lo hayas releído (con la menor cantidad de faltas posible), copia y pega tu final en los comentarios de esta noticia antes del 24 de septiembre a las 23:59, hora de París.
  • Solo se permite una participación por persona (si envías varias, serás descalificado).
  • No está permitido editar las publicaciones del foro (si es realmente necesario, puedes borrar tu historia inicial y publicar una versión corregida en una publicación nueva antes de la fecha y hora de finalización del concurso).

 

Premios

  • El gran vencedor se llevará un emote Escribir y un escudo de los Mil.
  • Los dos otros ganadores que alcancen el podio se llevarán un escudo de los Mil.

 

¡Buena suerte y, sobre todo, buena escritura!