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¡Ha llegado la hora de los servidores Temporis! Y también ha llegado la hora de que Varkonos se enfrente a su destino... ¿Ser o no ser un discípulo de Xelor? Esa es la cuestión. Y para responderla, ¡el joven aventurero está dispuesto a seguir la pista del mismísimo dios del tiempo si hace falta!

Con la sonrisa en los labios y con ese sentimiento de orgullo infantil por haberse escapado por los pelos, corría como el viento a través de las calles y después a través de los caminitos rurales, hasta que los adoquines fueron dando paso a la vegetación, y el ruido de la ciudad al canto de los píos. Sin aliento pero entretenido, Varkonos dejó de correr cuando estuvo seguro de estar lo suficientemente lejos de la biblioteca... ¡y de su madre!

Se sentó con las piernas cruzadas a los pies de un gran roble y retomó su fascinante lectura entre dos raíces:

«Los discípulos de Xelor son unos "cronomagos". Controlan el tiempo y los desplazamientos1219.»

 

Al final de la página, una nota del mago de Zo precisaba:

«… 1219 Como la característica principal del dios Xelor es el dominio del tiempo, solemos omitir la noción de espacio que igualmente le caracteriza.

Cabe señalar que Xelor es considerado por un gran número de hombres y de mujeres de ciencia y de magia como el presunto creador de los zaaps. Ciertamente, la tecnología utilizada para su fabricación parece proceder de un planeta diferente al Mundo de los Doce – este, es de hecho, un punto en el que se apoya la oposición para cuestionar su origen –, ¿pero es este un obstáculo para una divinidad del Krosmoz, sobre todo si esta última... es el dios del espacio-tiempo? ... ¡Ah! ¡Ahora nadie tiene nada más que decir!»

 

«… Para definir esta noción de espacio-tiempo, algunos hablan de "Kontinuum"»

Un crujido interrumpió a Varkonos en su estudio. Miró a su alrededor. Nada... Luego una risita: la de su hermanito, Beral.

«¡Aquí arriba, so tonto!»

Varkonos levantó los ojos: el feca de once años estaba colgando de una rama por las piernas, boca abajo, mascando un palo de regaliz.

«¡Caramba, Beral! ¿Por qué se lo has tenido que contar todo a mamá?

  • ¡Porque si no me tenía que comer yo la faena del granero!
  • ¡Ven aquí que lo que te vas a comer es mi puño, gusano!»

El mayor, de dieciséis años, pasó a dos dedos de la melena rubia de su hermano. Riéndose con más fuerza, este se subió aún más alto en el gran roble.

«¡Ven a buscarme, sabandija!»

Profundamente herido, Varkonos lanzó un hechizo de ralentización. Era la primera vez que esto le ocurría, ni siquiera sabía cómo había conseguido provocarlo, salvo que lo había deseado con todo su ser; pero, de repente, todo parecía congelado o casi. Escaló el imponente árbol, escrutó a Beral de paso, casi inmóvil, y se instaló en la rama más alta. Luego, como si se hubiera parado, el tiempo retomó su curso.

«¿A quién llamas tú sabandija?»

Incrédulo, Beral levantó los ojos. Casi se cayó de la sorpresa.

«¿Pero... cómo has...?

  • ¡Tú! ¡Ven a buscarme, ahora!»

A Beral se le habían quitado las ganas de jugar. Su mirada había cambiado. Bajó:

«¡Eh! ¡Vuelve, Beralín! Que era jugando...»

En tierra firme, el joven feca le contestó:

«Yo pensaba que era solo para fastidiar a los papás... no que eras realmente uno de esos magos extraños…»

El pequeño se esfumó. Lo que estremeció en cierto modo a Varkonos. Bajó de la rama dándose cuenta por primera vez de que su decisión de cambiar de clase provocaría finalmente... muchos más cambios.

De repente, sintió como su piel le quemaba por todos lados, como si hubiera tomado demasiado el sol. La sensación fue aumentando y empezó a sentir miedo, por lo que acabó lanzándose al río que bordeaba la pradera.

 

Más tarde, Varkonos, calado hasta los huesos, se sacudió como un uginak. Volvió a los pies del gran roble y, goteando, contempló un instante el libro abierto en el suelo. Tras un momento de duda, retomó finalmente su lectura, en busca de nuevas respuestas:

«… Los fieles de Xelor protegen su cuerpo con vendas para no sufrir los estragos de las distorsiones temporales. Su arte es peligroso por más de una razón. El más mínimo intersticio entre dos vendas podría provocar un terrible incidente: si una parte de su anatomía no está cubierta, ¡no viajará en el tiempo a la misma velocidad que el resto del cuerpo! Una pequeña distracción puede costar muy cara, así que ahora entendemos por qué no suele haber exhibicionistas entre los xelors...»

 

¿Se cubriría Varkonos de vendas? ¿Sería capaz de pasar por eso? Quizá su hermano tenía razón: quizá lo hacía simplemente para fastid... ponerse en contra de sus padres. El adolescente ya no estaba seguro de sí mismo. Debía seguir estudiando la cuestión; aprender y comprender antes que nada. Cerró la enciclopedia del mago de Zo, reflexionó y volvió a abrirla por un nuevo capítulo. Se titulaba: «Esta diosa Feca es un caso».