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La investigación de Fux Milster y Diana Scuelet estaba estancada. A pesar de haber conseguido vincular tres casos sospechosos cerca de los zaaps, les faltaba una gran cantidad de elementos. La duda les iba invadiendo poco a poco: ¿y si las anomalías temporales dejaban de manifestarse?

Diana Scuelet cabalgaba a lomos de un brioso dragopavo con arreos oscuros, con el sello de un fantasma, símbolo de la oficina de los Fenómenos Bizarros y Anormales. Cortaba el viento de la bahía de Sufokia a una velocidad impresionante. Bajo el sol de la costa, su larga cabellera pelirroja sobresalía de su casco y se ondulaba al ritmo de su desenfrenada carrera. El polvo se levantaba a su paso, tanto que se la veía surcar el paisaje a kilokámetros a la redonda. Se detuvo a la altura del zaap de la zona. Un xelor vestido de gris la estaba esperando.

«Tengo novedades, Milster —anunció bajando de su montura.

  • Yo también, Scuelet.
  • Varios testigos han visto a un anciano merodear cerca de los zaaps —comenzó a decir mientras amarraba la montura a una estaca—. Cada vez la misma descripción: una barba blanca, un sombrero de búho, vendas en los antebrazos. Nadie ha podido confirmarme de qué dios podría ser discípulo, pero varios de ellos le han dirigido la palabra. No han comprendido bien sus motivaciones, pero se presenta con el nombre de Reki Zenémij —añadió, mientras le tendía a su compañero un retrato ilustrado que presentaba al individuo de cuerpo completo.
  • Hm... Parece un anutrof, ¿no?
  • Dices eso porque es viejo y su sombrero emplumado le da un aspecto un tanto senil.
  • Ciertamente.
  • Todos los que han hablado con él dicen que estaba triste y deprimido.
  • Hm…
  • ¿Y tú? ¿Qué me querías contar? —preguntó Diana.
  • ¡Ah! ¿A que no sabes a quién me he encontrado de camino aquí? ¡A Gertroud! ¡Mi profesora de ciencias ocultas de la escuela primaria! No la había visto desde hace... ¿siete años? Sí, creo que fue en la kermés de mi ahijado...
  • ... Relacionado con nuestra investigación, Milster.
  • Ah... Sí... ¡Sígueme!»

 

Fux condujo a Diana hasta el portal de teletransportación. El zaap estaba repleto de inscripciones manuscritas que Scuelet fue enunciando poco a poco:

«AL ED NÓEPMAC... ODNALBECREP... ARUHTAD... AÍNOGA... SUTCIROEL... y HTILUJ... ¿Una lengua antigua?

  • ¡Nop!
  • ¿Un código?
  • Más bien, sí...
  • ¡Lo tengo!
  • ¿Ya? A mí me ha llevado toda la mañana...
  • ¡Solo hay que leerlo al revés!
  • Como en un espejo —añadió Milster con aire misterioso.
  • JULITH... LEORICTUS... AGONÍA... DATHURA... PERCEBLANDO... y... CAMPEÓN DE... ¡Vaya! Parece que nuestro escriba clandestino hubiera sido interrumpido...
  • ¿Te has dado cuenta del orden de los nombres?
  • El mismo que el de sus apariciones. Al menos... de las que tenemos conocimiento.
  • Las que han tenido lugar, Scuelet. Y las… que VAN a tener lugar

 

*****

 

Bahía de Sufokia

En los alrededores del zaap, al día siguiente

6:58 h

Tumbados en el suelo, con traje de camuflaje, pasamontañas en la cabeza y betún en la cara, Milster y Scuelet observaban a los lejos el portal con sus gafas telescópicas.

«¡Ridículos! —murmuró Diana.

  • ¿Perdón?
  • ¡Nosotros, Milster!
  • Habla por ti, Diana. ¡Yo parezco un agente secreto!
  • Tú pareces imbécil, Milster. Y aunque dispongamos de la cronología de las próximas apariciones, ¿qué te hace pensar que van a tener lugar aquí?
  • Nada, Diana. Pero no podemos vigilar todos los zaaps. Tengo el presentimiento de que va a ocurrir en Sufokia: si seguimos el orden de las apariciones en un mapa, vemos una cierta lógica, este es el siguiente portal. También es el que ha sido vandalizado... nuestra mejor pista. Renniks vigila el de la ribera del golfo sufokeño. Y ha recurrido a otro agente para que vigile el del templo de las alianzas.
  • ¿Y por qué ahora?
  • Las demás apariciones se observaron poco antes de la aurora o poco después del crepúsculo. Cuando uno se esconde, nunca sabe qué va a ocurrir, ni cuándo... ¡Vengaaa, Scuelet! ¡Es divertido! ¡Y es fascinante estar sobre el terreno!
  • Sobre el terreno, sí; sobre la tierra, ¡no más de cinco minutos!
  • Llevamos solo cinco minutos... Venga, dime lo que has averiguado en tu investigación...
  • Hm... El análisis de las inscripciones ha revelado que fueron hechas a mano, entre las 6:30 y las 7:30 de la mañana, por un zurdo...
  • Qué casualidad —señaló Milster con aire misterioso.
  • La materia colorida lo tiene todo de una pintura estándar: pigmentos, disolventes, agentes espesantes... pero también contiene un componente desconocido...
  • ¿Quieres decir un componente "extradocero"?
  • No, Milster. Podría provenir perfectamente de nuestro planeta, solo que quizás todavía no se haya descubierto...
  • Todavía no...
  • ¿Y tú?
  • Yo no he encontrado nada sobre Perceblando o un tal "campeón" de... de lo que sea. Pero tengo algo sobre Dathura

El xelor sacó una hoja de papel doblada en cuatro que parecía arrancada de un libro.

«¿De dónde has sacado eso?

  • De la biblioteca municipal.
  • Pero... ¡Milster, eres un vándalo!
  • Se necesitan dofus para hacer una tortilla...
  • Qué gracioso...»

 

 

«Dathura era la décima y última muñeca creada por el dios Sadida para seducir a los dragones primordiales. Representaba la culminación de su trabajo, la que más se acercaba a la perfección; la que, junto con Lacrima, la novena, tenía la apariencia más humana. De hecho, la penúltima albergó un creciente sentimiento de celos hacia su hermana menor que, según pensaba ella, le había robado el lugar de favorita en el corazón de Sadida. Hasta tal punto que acabó precipitando a Dathura a nuestro mundo, el de los mortales.

Durante la caída, ocurrió algo terrible: el corazón de ogrina de la muñeca fue atravesado...»

Incrédula, Diana devolvió el trozo de papel a Fux.

«Pues sí que hemos avanzado con eso... Un cuento para niños...

  • Suele haber una parte de verdad en los cuentos, Scuelet, tú deberías saberlo... ¿No enseñan eso en las clases de psicología?
  • Sí, pero antes que nada hay que fiarse de los comportamientos de personas que han existido de verdad.
  • ¿Quién te dice que ella no haya existido realmente? De hecho, conozco una continuación a esta historia, que se cuenta en las veladas de las tabernas especializadas en las que los jóvenes aventureros llenos de granos se reúnen para jugar con cartas y figuras de madera...
  • Ah, ¿cómo es que conoces ese tipo de lugares?
  • ¡Porque me encantan esos lugares! Pero eso es otra historia... La que nos interesa aquí habla de un alquimista que al parecer encontró la muñeca inanimada – aquí abajo, en el Mundo de los Doce – y buscó durante años la manera de despertarla.
  • ¿Y la encontró?
  • Él no. Pero hace no mucho tiempo, una de sus creaciones, o más bien, de sus criaturas, creada también con ogrina, pudo haberlo conseguido.
  • Besándola mientras dormía, supongo.
  • Pues eso no lo sé... Pero si esta historia es más que una simple historia, significaría que no solo Dathura existe, ¡sino que además sigue formando parte de nuestro mundo!
  • Guau… Eres tan…
  • ¿Perspicaz?
  • ¡Ingenuo! Tanto que me dan ganas de llorar...
  • Oh, ¡Y A MÍ TAMBIÉN! —se alzó de repente una voz desconocida en la oscuridad.»

 

Milster y Scuelet se giraron, muertos de miedo...

Continuará…

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