Si sigues navegando por este sitio web o haces clic en la cruz, aceptas el uso de cookies para la realización de estadísticas de visitas y para proponerte vídeos, botones de compartir, publicidad personalizada y un servicio de chat. Para más información y parametrar las cookies X

FR EN DE ES IT PT

La investigación de Milster y Scuelet sobre Dathura los condujo hasta el zaap de la bahía de Sufokia. Acababan de empezar la vigilancia cuando un suceso inesperado los pilló por sorpresa… ¿Y si las anomalías temporales solo eran el abráknido que no los dejaba ver el bosque?

Bahía de Sufokia

En las inmediaciones del zaap

7:02 h

Sentado con las piernas cruzadas en la oscuridad, el individuo llevaba un rato observándolos desde lo alto del montículo. Los dos agentes de la Oficina de los Fenómenos Bizarros y Anormales habían llegado con sigilo, vestidos con un atuendo de camuflaje ridículo pero eficaz. El problema era que ellos mismos no veían nada y tropezaban con la más mínima piedra. La discreción no era su fuerte. La observación tampoco, ya que no habían notado la presencia del individuo ni por asomo, y preferían discutir como dos aventureros retirados. Sin embargo, tenía que reconocer que, con los pasamontañas, el betún en la cara y las gafas telescópicas en la frente, Milster y Scuelet parecían agentes secretos de verdad.

—… Pero si esta historia solo es una historia, eso significaría que Dathura existe y que, además, ¡quizás siga formando parte de nuestro mundo!

  • —Vaya, eres tan…
  • —¿Perspicaz?
  • —¡Ingenuo! Me dan ganas de llorar…

Nos habíamos quedado por aquí, justo cuando Reki Zenémij había decidido manifestarse:

—¡Oh, A MÍ TAMBIÉN!

Milster y Scuelet se giraron, muertos de miedo. Diana apuntó con su daga al individuo que los observaba desde las alturas:

—¿Quién anda ahí?

  • —Es normal que sienta debilidad por ti… —dijo la ronca voz procedente de la oscuridad—. Se llama como el animal y tu cabello es de su color…
  • —Eres Reki Zenémij, ¿verdad? —preguntó Fux como si ya conociera la respuesta.
  • —Ahora mismo sí.

La aurora llegó y los primeros rayos de sol incidieron en la oscura silueta, dejando ver a un anciano de aspecto cansado pero bastante robusto. Llevaba unas cintas en los antebrazos y un tocado de plumas provisto de un pico y dos grandes ojos. Parecía un búho.

—Tendrás que venir con nosotros, amigo… —dijo Diana, a quien su compañero interrumpió poniéndole la mano sobre la suya para que bajara el arma.

  • —¿Nos conoces? —preguntó el xelor.
  • —Ya os he visto antes, sí. Últimamente, nuestros caminos suelen cruzarse. Me parecéis simpáticos, y… —pareció reprimir un sollozo— ¡me siento tan solo! Soy invisible para todo el mundo. ¡Ni siquiera vosotros me habéis visto! —se lamentó aquel individuo barbudo, que se puso a llorar como una magdalena.

Se hizo un silencio incómodo. Pero la sram no iba a quedarse callada.

—Tendrás que venir con nosotros, amigo…

  • —Espera, Scuelet…
  • —¿Por qué queréis llevarme? ¿Acaso no estamos bien aquí? —preguntó el anciano, que parecía haberse calmado—. Debo disculparme; hace tanto tiempo que viajo solo… Tengo una seria tendencia a ponerme cada vez más melancólico. ¡Ya, ya se me ha pasado!
  • —¿Has hecho tú esas inscripciones? —preguntó Fux señalando el zaap.
  • —Sí.
  • —¿Sabes que es una infracción grave? —apuntó Diana.
  • —«Grave», «grave»… ¡Pichí pichá, diría yo!
  • —¿Qué dice? —preguntó la sram volviendo a levantar la daga—. ¿Eso qué quiere decir? ¿Qué lengua detestable estás usando?
  • —A ver, «detestable»… No te permito que…
  • —«Pi-chí pi-chá». ¿Es un hechizo? ¿Sí o no? ¿Intentas acabar conmigo?
  • —Scuelet, te veo un poco… tensa. ¿Me dejas que lo interrogue?
  • —Muy bien, Milster. Pero, en cuanto hayas terminado con él, lo ato al trasero de mi dragopavo.
  • —Está bien… —aceptó Milster y, acto seguido, se giró hacia aquel nuevo testigo fundamental—. ¿Qué puedes contarnos sobre los nombres que has inscrito? ¿Por qué los has escrito al revés?
  • —¿Que qué puedo contaros? Ja, ja, ja… Que en este mismo instante hay aventureros que han atravesado el espejo y que el espantapájaros los golpea con su martillo¡Ahora mismito, sí! ¿No veis la ironía?
  • —Perdona, Reki, pero no, no vemos…
  • —¿Cómo es posible? Cuando el espantapájaros, el vengador enmascarado, el charcoso sin miedo dio su primer martillazo a un toro… ¡a comienzos de los años 800! ¡En más de 150 años!
  • —No… no entiendo, yo…
  • —¡Y me refiero a Cerpolet, el primer espantapájaros! Luego, está Perceblando, tan valiente para un charcoso, ¡a quien levantarán una estatua en su honor en el año 865! ¿No os dais cuenta? ¡¡¡En más de 200 años!!! Oh, yo… Vuelvo a tener vértigos… ¡Abrázame fuerte, Fux! Me siento vulnerable…

El viejo búho saltó al suelo para abrazar al xelor, quien, aunque quería mantener las formas siendo cortés, sudaba sin ningún control. La sram no pudo contener una risita socarrona… ¡algo inaudito!

—Venga, amigo… No te preocupes.

  • —Ya, perdón. Tienes razón, no tenéis por qué… ¿Por dónde iba? Ah, sí…

Reki Zenémij se pasó ambos antebrazos por la cara y después se sentó con las piernas cruzadas. Fux tuvo que hacer lo mismo para situarse a su altura.

—Tendré que marcharme pronto, así que hazme las preguntas exactas y yo intentaré no… divagar —indicó el anciano.

  • —No irás a ninguna parte —le recordó Diana, mientras Milster invitaba una vez más a la calma con un gesto de la mano.
  • —JULITH… LEORICTUS… AGONÍA… DATHURA… PERCEBLANDO… y… CAMPEÓN DE…: ¿qué significa todo eso?
  • —Antes dime lo que tú has deducido… —le retó el viejo búho.
  • —Julith, Leorictus y Agonía tienen un pasado oscuro, y se supone que llevan muertos mucho tiempo…
  • —Sí…
  • —Dathura es un personaje legendario que quizás ni siquiera haya existido…
  • —Intenta ver a qué se parece en vuestros archivos y qué aspecto tiene según los últimos testimonios.
  • —Muy bien —aprobó Milster tomando nota—. Después tenemos a Perceblando… A partir de aquí me pierdo, pero… me da a mí que hay pistas escondidas en tu galimatías…
  • —¡Yo me expreso con total claridad! Lo que pasa es que estás demasiado ocupado tratando de seducir a tu compañera y yo… yo…

El anciano estaba a punto de echarse a llorar otra vez, pero Milster se inclinó hacia delante para darle un fuerte abrazo. El búho se sorprendió.

—Milster… Cálmate, joven… Te estás poniendo demasiado cariñoso. ¡Un poco de seriedad! —dijo el anciano, totalmente bipolar.

El xelor se apartó de él lentamente. Su mirada había cambiado: reflejaba incredulidad y molestia. Parecía bastante…decepcionado.

—Scuelet…

  • —Dime.
  • —Átalo.

La sramita se frotó las manos. Amenazándolo con su daga, condujo al individuo hasta su dragopavo, oculto entre los arbustos, más abajo. Con las manos esposadas a la espalda, el excéntrico anciano los miraba fijamente.

—Dudo de la veracidad de sus declaraciones, pero es mejor tenerlo encerrado en una celda…

  • —Tienes razón, Scuelet. Debería haberte escuchado. Una vez más…
  • —Bueno, tú siempre quieres hacer lo correcto; a veces, eres tú quien lleva razón.
  • —Uau, eso es un gran avance, Diana. Me complace oírte admitir que… ¿Qué? ¿Tengo algo en la cara?

Su compañera parecía observarlo de forma extraña. Aquello incomodaba al xelor. Ella avanzó lentamente. Él, por su parte, no movió ni un músculo.

—Pedazo de…

Se puso a correr. Milster se giró: solo vio al dragopavo y su mirada vacía. El viejo Reki había desaparecido. En la grupa de la montura, había unas inscripciones manuscritas…

Continuará…

Si tú también quieres investigar sobre este personaje, descúbrelo en estas historias:

  • WAKFU, la serie – Temporada 1, Episodio 5: Los cinco magníficos
  • WAKFU, la serie – OAV 2: Ush

¡Descubre ya la actualización «Selocalipsis: Resonancia» de DOFUS!